El querer buscarte y el querer encontrarte.

buscarteyencontrarte

Como cuando en una montaña conocida, caminos que te sabes de memoria, algún nuevo elemento te hace fijarte, desviarte e incluso invitarte a perderte.

Como cuando estás en el mar nadando tranquilamente, te metes adentro, decides acercarte a la orilla y una ola, antes que te des cuenta, te sumerge.

Como cuando vuelves a casa de noche y no hay nadie por la calle y piensas que si hubiera alguien más aunque fuera en la otra acera, sería menos tenebroso.

Como cuando estás en una reunión y subes el volumen del audífono para poder entender y te cercioras de seguirlo bien para luego no tener que preguntar más de la cuenta.

Como cuando medio aislada del exterior los murmullos se hacen más fuertes, sientes curiosidad y por más que intentas volver a concentrarte, tus emociones ya te no dejan y terminas preguntando qué pasa.

Como cuando estás cansada de un día movido emocionalmente y el metro se para, una voz se pone a hablar por megafonía y de nuevo, tienes que preguntar.

Como cuando sigues cansada, pero esta vez de la voz bajita, del hablar rápido, de los cambios y tonos de voz, y aunque parece interesante y la persona ya es ajena a lo que pasa dentro de ti, pasas de preguntar. Asentir y sonreír a la par que adivinar y elucubrar.

Todo esto no tiene  nada que ver con…

Cuando lo comentas con otras personas a quienes también les pasa, y esta vez asientes y ríes, pero ya de complicidad.

Cuando es justo lo contrario, se aseguran de que lo has entendido y también mueven las manos, signan, para no romper este puente y continuar. Y para acercarse más.

Como cuando bailarines deciden bailar sin pretensiones, sin ensayar, sin presiones ni contemplaciones, solo por honorar su existencia.

Y en ese vaivén tan diferente, te sientes arropada, no te quieres ir, vibras en la misma frecuencia, te buscan, te encuentran, te encuentras.

Esto es lo que nos falta muchas veces, que en esa montaña rusa llamada vida, sea subiendo o bajando, los caminos tengan una misma meta: encontrarnos, los unos a los otros y de paso a nosotros mismos. El querer buscar(te) y el querer encontrar(te). Poco más.  Sea donde sea, por estar ahí.

Y sigas estando…

Aprender a convivir porque eres parte de mí...

  1. convivir
  2. Eres parte de mí,
  3. aunque te alejes, volverás,
  4. no puedes deshacerte de mí,
  5. pero tampoco yo de ti,
  6. es todo muy real,
  7. me necesitas pero no yo a ti,
  8. aprendamos a convivir…
  9. Unos días estamos mejor que otros,
  10. ¿de qué dependerá…?
  11. de si funcionan bien, de si me siento bien,
  12. y de si los demás quieren hacer el esfuerzo…
  13. ¿Pero sabes qué?
  14. Al final estamos tu y yo y no nos llevamos tan mal,
  15. se trata de mirarnos con buenos ojos y de poner de nuestra parte,
  16. en realidad no nos queda otra, y de todo salen cosas buenas,
  17. y todas las cosas que solo por eso puedes ver y percibir…
  18. Mudar de piel, cambiar las pilas,
  19. cambiar de modelo… es casi cambiar de vida,
  20. pero la mirada sigue siendo la misma, solo con otros colores
  21. que tienen que aprender a encuadrarse en los nuevos tonos.
  22. Y sacarle el brillo… como encontrar personas bonitas, no lejanas
  23. que te hacen mucho más llevadero el camino.
  24. Aceptar mi sordera y me permita vivir sin dramas.
  25. .
  26. .
  27. .
  28. Y convivir.

¿Y los malos días? No son pocos...

rastrillo y flor

No estamos muy acostumbrados a expresar nuestras emociones más allá de la felicidad, de lo positivo, de lo «anímate». Nos da cosa, no gusta, no se suele encontrar aliados en los malos momentos. Incluso el reconocer que estamos mal, cuesta. Y creo que no debería ser así, menos cuando la vida no es siempre de color rosa.

A mi no me cuesta reconocer que he tenido muchos momentos a lo largo de mi vida (y sigo teniendo, claro, aunque el enfoque es diferente, crecemos…) en que me he sentido muy desgraciada, que pensaba que «hasta cuando tendré que estar siempre luchando», que no sentía el apoyo de mis querid@s, que me sentía completamente sola, que fingía estar bien… Por varios motivos en general, pero más por la sordera. A decir verdad, si nuestro entorno nos discapacita, nosotros no somos de piedra. Y creo que es normal, y no pasa nada, los sentimientos negativos son tan válidos como los que tenemos cuando sentimos que estamos bien o muy bien o fantásticamente bien. No pasa nada por tener malos días, muy malos días y días peores. No duran tanto, por suerte, y lo cierto es que tarde o temprano surge cierto optimismo. Y tampoco son tan a menudo. Si son muy a menudo, convendría hablar con profesionales de la psicología, que vienen muy bien para sacar rabias acumuladas, impotencias e incluso pensamientos que puedan asustar. Somos humanos… somos fuertes y frágiles a partes iguales. Lo importante es darse cuenta y pedir ayuda (o buscar cobijo, estar con personas que son hogar…), porque merece la pena invertir en nuestro bienestar, en aprender a aceptarse, a aceptar la situación, a pensar que no siempre lo conseguiremos, pero que saborearemos muchísimo más los grandes momentos, serán únicos y aunque cuando lo vemos todo negro cuesta mucho aferrarnos en las cosas buenas, hay que tenerlas presentes de un modo u otro. Antes o después. No ser tan duros con nosotros mismos…

Es común (incluso ingenuo) pensar que las cosas solo nos pasan a nosotros, y no nos damos cuenta cuando son los demás quienes nos piden ayuda. Hay tantas formas de pedir ayuda… muchas casi ni se notan, hay que estar atento a los demás (querer). Y si por lo que sea no es posible, al menos cuidarte a ti misma, encontar una ventana (o varias, mejor), para escapar de estos momentos tan desesperantes. Cuando aceptas que tienes un día horrible, sabes que no es eterno. En mi caso, la música me salva y me acompaña en los días felices y en los tristes. También escribir… Recién encontré otra ventana, que es hacer deporte… Estas ventanas molan porque las abres y las cierras cuando tu quieres, siempre están a tu disposición. La música, en la mente, y el deporte… solo necesitas tu cuerpo.

Cada vez estoy más convencida de que la empatía es la clave, siempre. Con más empatía, todos tendríamos muchos menos días malos. Está claro, ¿verdad? Saber ponerte en los zapatos del otro es lo que alivia el alma, es una forma muy poderosa de acercarte al otro y hacerle saber que le entiendes (sí, aunque no vivas lo que le está pasando). La mayoría de las veces en que estamos de «bajón» solo necesitamos tiempo para procesar aquello que nos ha sumido en la tristeza o hundido y un mínimo de amor (aunque sea propio) o de comprensión. Incluso diría que humor, pero no siempre es bienvenido… (¿se puede entrenar?, dicen que si lo buscas, lo encuentras, incluso que protege = ¿antioxidante cognitivo?). Podría ser otra ventana…

He querido escribir esta entrada porque sé de personas que lo pasan mal, que no terminan de sentirse aceptadas por su entorno, ni comprendidas, se sienten invisibles, como si fueran nadie… y quiero decirles que muchos hemos pasado por esto, pasamos y seguiremos pasando. No es raro sentirse así cuando formas parte de un colectivo que no es mayoritario, como el de la discapacidad. Al final, todos en algun momento o varios de nuestra vida nos sentimos así y no tiene nada de malo. Al contrario, expresarlo (que lo sé, no es nada fácil) puede traernos amistades inesperadas, perspectivas diferentes… e incluso al final, nos puede hacer sentir afortunados. Siempre hay cosas que agradecer, y cuanto mejor sepamos gestionar nuestras emociones (inteligencia emocional), más cuenta nos daremos de que tenemos mucho más bueno que malo. Pero mucho más. Y que un día malo lo tiene cualquiera…

Aprendamos a hablar de nuestros miedos, fantasmas, pesadillas,… crea una red de apoyo con tus más allegados, con la familia que escojas, exprésate sin culpa. Tus sentimientos son igual de válidos que los de los demás y recuerda (porque ya lo sabes) que eres más fuerte de lo que crees.

También es verdad que a veces las cosas no son como creemos, sino que el problema es como las interpretamos. Ahí vale la pena relativizar, poner distancia, verlo con perspectiva. Un filósofo, Epícteto, decía que lo que importa no es lo que te sucede, sino como reaccionas a lo que te sucede. Es el aprendizaje de la vida, ¿no? Como sea, seamos resilientes, nada de presiones, evitemos los absolutismos, tomemos el tiempo necesario para procesar, reflexionar y seguir. Quien quiera, te seguirá, apoyará, escuchará y estará ahí. Todo pasa, no podemos llorar eternamente, terminamos echando de menos la gente bonita, los buenos ratos y las risas tontas (las mejores). Vayamos a buscarlas. A veces solo es cuestión de tener paciencia, de esperar.

Como la flor (mala hierba llamada, además) de la imagen, que se supone que no debería estar ahí en tierra inerte, pero está. Esconderla, eliminarla, arrancarla no evitará que, si las condiciones lo propician, vuelva a brotar. No lo puede evitar, ni nosotros, de vez en cuando, llorar.

Para cualquier cosa, podéis contactarme, ya lo sabéis.

everything will be okey

Y ánimo, ¡que ya es verano!

Un abrazo.

Sin audífonos pero contigo misma y un libro

vacio

Imagina estar en quietud, nada se mueve, todo está muy tranquilo…

Cualquier movimiento indica algún sonido imaginario pero puedes no saber como es realmente.

Imagina el vacío tras una explosión que nunca se produjo en tu interior pero que siempre estuvo ahí.

Lo único que puedes es imaginar y pensar mucho para comprender.

Y de alguna manera, a la tuya, palpitar. Y silencio, no se vaya a estropear.

 

 

Algo así, parecido, es lo que viene a ser el desconectar, es como meditar.

 

Eres tu, contigo misma, pero en realidad es una nueva oportunidad.

 

 

No dejo de leer, de imaginar… para poder reflexionar.

¡Feliz Sant Jordi lectores y enamorad@s! Un beso, cariño.

 

Las reacciones de la gente al decir que se bajen la mascarilla

susurros

¡Hola a tod@s!

Esta entrada va, como bien indica el título, sobre las reacciones de la gente cuando me hablan con la mascarilla puesta y yo me quedo intentando entender que dicen -sin éxito la mayoría de veces-, y finalmente necesito decir que necesito leer los labios. Bien, a partir de este momento, hay varias reacciones que me he encontrado. Algunas vienen juntas, otras por separado, según la comprensión o la perspicacia (o falta de ella) de la gente. Las voy a enumerar:

  1. Siguen hablando > tengo que explicar mejor que no oigo bien, que no sigan y que necesito leer los labios.
  2. Negación de la posibilidad de bajarse la mascarilla, por temor o por verlo fuera de lugar (entiendo que dicen que «no», la mayoría de veces soy capaz de entenderlo «oyéndolo») > tengo que decir que en tal caso será complicado que le entienda, debido a mi sordera. La última opción sería coger un papel y lápiz o bien transcripción de voz por móvil, por ejemplo. A veces terminan bajándosela, no siempre. Cuando no, me voy y ya está.
  3. Hablan más despacio o más fuerte (o eso me parece, ya que no puedo decirlo con seguridad al llevar ellos la mascarilla, aunque intuyo esto) > negando con la cabeza con resignación, tengo que repetir nuevamente que necesito leer los labios, que no me voy a enterar, que llevo audífonos.
  4. Se bajan la mascarilla enseguida (¡wow!) e incluso me comentan o preguntan lo difícil que tiene que ser para mí sobrellevar esta situación constantemente > les explico que sí, que en nuestro caso es complicado y que personas como éstas nos facilitan la vida, que gracias por la comprensión.
  5. No entienden lo que les digo y empiezan con gestos pero sigo sin entender lo que me quieren decir la mayoría de las veces, otras entre lo que oigo y lo que intuyo, puedo llegar a «captar el mensaje» > pregunto en función de lo que me ha parecido entender y así vamos haciendo… (por lo menos intentan hacerse entender… ^^), hay que valorarlo positivamente. Si supieran algo de lengua de signos, ya sería increíble…

Estas son las principales reacciones que me estoy encontrando. Bueno, y por supuesto personas que se olvidan, y del mismo modo que se la bajan automáticamente para hablar conmigo, otras veces se les olvida y tengo que recordarlo con un gesto.

Y por último, está aquella persona que dispone de una mascarilla transparente y cuando sabe que hablará conmigo, se la pone, sino, no. Un detalle. Aunque tengo que decir que en la inmensa mayoría de las veces, la opción más cómoda y práctica es bajarse la mascarilla. Y ello implica, como ya he comentado en otras entradas, guardar la distancia de seguridad, que no suele haber problema en la mayoría de los casos. Esto sería un… 85% de las veces o más, pero siempre hay este pequeño porcentaje que se resiste y hay que respetarlo aunque no sea justo para nosotr@s como colectivo con necesidades especiales en este caso.

Os cuento la última anécdota: Yendo al médico, cuando quise asegurarme de la puerta a la que tenía que acudir (a veces hay cambios y si me llaman de otra puerta sería imposible que me enterase…), en una de las mesas/mostradores de información/consultas, me pidieron el DNI (tras preguntar varias veces lo entiendo, también porque lo recuerdo de antes de la pandemia, que lo suelen pedir para saber los datos de la persona) y todo bien. Pero después de la visita, tuve que volver para coger cita para otro día, de nuevo me pidió el DNI y más cosas y ya no entendía lo que decía. A mi lado había un señor sentado, en otra mesa haciendo otra consulta. En todas las mesas hay una pantalla transparente separadora. Le comenté al que atendía en el mostrador que necesitaba leer los labios, y me repitió lo mismo (supongo). Le volví a decir que no le entendía, que necesitaba leerle los labios, esta vez señalándome la boca, y que tenía que bajarse la mascarilla. Me dijo que no se la iba a quitar (lo entendí). Me quedé algo perpleja y le dije que era la primera vez en un centro médico que me decían que no, y que bueno, pues que me lo escribiera. Tras esto, lo que hizo fue apartarse de su puesto de trabajo y situarse a mi lado, como si fuera un problema de distancia, con la mascarilla puesta. Negué con la cabeza, y le expliqué y señalé mis audífonos, diciéndole que no oigo bien y que necesito leer los labios, sino no le entiendo. Solo entonces entendió mi situación y dijo «Aaahh..», y ya se volvió a poner tras la pantalla, se bajó la mascarilla y pudimos comunicarnos con fluidez. El señor que estaba sentado a mi lado se puso a reír, y yo con él. La verdad es que al final fue gracioso porque a mi me extrañaba que no se la bajara, y ya sé que algunas personas no entienden lo que está pasando. Pero tratándose de personal sanitario, creo que a estas alturas ya deberían estar concienciados… y desde aquí lo reinvindico.

¿A quién más le ha pasado algo así y que al final haya tenido que tomárselo con humor? ¡Seguro que a muchos!

Por cierto, por si os habéis preguntado qué tiene que ver la imagen de la entrada, me pareció divertida simplemente. Para mí, guarda cierto paralelismo con la sorpresa que expresa una de ellas (me sorprenden algunas reacciones) y la otra le cuenta algo al oído que parece no poder ser escuchado en voz alta. En ambos casos, si bien la comunicación fluye, en nosotros, así, sería imposible. Si tienes la boca tapada, «nanai de la China». Y si me lo cuentas al oído, más de lo mismo…

¡Ánimo, el fin cada vez está más cerca…!

Un abrazo.

¿Vergüenza por los audífonos? ¡Not me!

En esta entrada quiero hablar de la vergüenza que algunas personas pueden tener por llevar y que se vean los audífonos en las orejas. Un día, mirando un anuncio de gafas, pensé que es curioso que siendo las gafas una especie de prótesis (y sino, acordaros que antiguamente no eran tan bonitas como ahora…), no veamos igual el hecho de portar audífonos, y eso que también los hay de colores, con figuritas insertables (infantiles)… ¿No os da que pensar?

¿Por qué creéis que puede ser esto? ¿Es vergonzoso ser sordo/no oír bien y que se vea? En mi caso, nunca he sentido vergüenza por que se me vean o por decirlo. No he querido esconderlos por un tema estético.

Reconozco que alguna vez si me he querido hacer algun peinado, sí que he pensado, «sin los audífonos quedaría mejor», o incluso me los he quitado para ver como me quedaría si no tuviera que llevarlos… pero solo en alguna ocasión en que el peinado es especialmente bonito o vistoso. No era por vergüenza, sino por «estética normativa».

Hablando de esto de los peinados, teniendo en cuenta que cuando eres un niño o una niña son los padres quienes deciden tu ropa, tu peinado y prácticamente tu todo, son los primeros que deberían normalizarlo. De hecho, me cuenta mi madre que le decían que me tapara los audífonos con mi pelo, que los disimulara, y por suerte, porque es una madraza, ella contestaba que no, que al contrario… ¿No creéis que si lo hubiera hecho, me hubiera acomplejado? Da que pensar… porque si hubiera llegado a tener algún complejo en este sentido, me habría frustrado mucho y cansado, porque sería luchar contínuamente contra algo que no se va a ir, que tarde o temprano se iba a ver, quisiera o no. Y así, fácilmente se convertiría en algo parecido a «un punto débil»… y los críos son crueles con esto, «huelen» los puntos débiles, por decirlo así, ya lo sabéis…

Entonces…, ¿es algo malo de lo que esconderse?, ¿es mejor disimularlos, que sean discretos? ¿Tanto puede afectar a la imagen que puedan tener de nosotros mismos? ¿Nos define el llevarlos? ¿Es un tema de aceptación propia, de los demás? ¿Qué es?

Personalmente, creo que tiene que ver con la idea de acercarnos a lo «perfecto», de modo que quien «no lo sea», pueda sentir cierto rechazo de los demás (aunque esté todo en la cabeza y sean realmente inseguridades). A menudo el rechazo está asociado a lo desconocido, es cierto, pero al final, de lo que se trata es del miedo. ¿Miedo a que nos miren diferente? ¿A que no nos traten igual? ¿A que se metan o se rían de nosotros? Esto lo podría comprender, y de hecho lo he vivido (repito, los críos pueden ser muy crueles), pero lo más importante al final es que te aceptes a ti mismo para enseñar a los demás que no es nada malo, al contrario, que gracias a este dispositivo electrónico, podemos oír. Hay que hacer pedagogía, no nos queda otra. «A palabras necias, oídos sordos», y nunca mejor dicho…

No olvidemos que el tener una discapacidad puede acarrear el no tener una buena autoestima, debido a los obstáculos, las inseguridades como comentaba antes, el desconocimiento (nosotros tampoco nacemos enseñados, tenemos que aprender todo sobre la marcha…). Pero sobretodo, no olvidemos que a fin de cuentas, la realidad es que tenemos la suerte de disponer de ellos y gracias a estos audífonos (o implante coclear) podemos manejarnos más o menos bien con nuestro entorno. No hay nada que disimular, nada que esconder y mucho que aprender acerca de los prejuicios absurdos. Al final, es una parte de nosotros, en cierto modo, una extensión de nuestro cuerpo (¿cyborg?). El mensaje que quiero transmitir es, que llevemos o no algun tipo de prótesis visible, no nos tenemos que avergonzar y que si se meten con nosotros, tenemos que aprender a defendernos de una forma no violenta a pesar del daño que nos puedan hacer. O simplemente no hacer caso, «el mejor desprecio es no hacer aprecio». Ya se cansarán, o se avergonzarán ellos cuando se den cuenta de lo absurdo de su proceder. Y les perdonaremos porque habremos superado un prejuicio juntos. Es un aprendizaje mutuo: aprender a aceptarnos y a aceptar a los demás. No es fácil, pero con el tiempo y la experiencia todo llega, creedme.

Sin más, espero que aprendamos a vivir y convivir en armonía con estos dispositivos y esta tecnología que nos facilita la vida y que eduquemos desde el respeto y la aceptación a los niños para que no tengan que sufrir (más, si cabe). Recuerda: nada que esconder, mucho que celebrar.

Un abrazo.

 

La buena voluntad al bajarse la mascarilla por nosotr@s

¡Hola a tod@s!

¿Cómo estáis, cómo lleváis esta «nueva normalidad» en que se supone que podemos hacer vida más o menos normal pero bajo la amenaza constante de un nuevo confinamiento? ¿Y el tema de las mascarillas, cómo va? Nosotr@s, las personas sordas oralistas lo llevamos «regulín».

Esta entrada es de agradecimiento a todas aquellas personas que me voy encontrando y que tras decirles que no oigo bien y que leo los labios, lo entienden a la primera y se disponen a bajársela para hablarme. Lo cierto es que son la mayoría, pero siempre hay algunas personas que se quedan en «shock», sin saber qué hacer y con éstas, resulta más difícil la comunicación. Incluso un chófer de un autobús se me puso a reír al decirle que tenía que leerle los labios…, quiero decir que muchos ni saben ni comprenden para qué esa lectura labial (debía pensar que le tomaba el pelo… está claro. Al final lo entendió y se bajó la mascarilla al hablarme). En más de una ocasión he decidido irme del lugar por no ser posible este entendimiento, con el sabor amargo de que tengan que estar siempre haciéndote este «favor». Si esta situación en relación a la discapacidad auditiva se contemplara desde la ley, sería diferente, pues estaríamos amparados.

Junto con otras personas sordas oralistas, hemos enviado escritos a organismos gubernamentales o medios de comunicación para explicarles y/o difundir nuestra problemática, ya que la ley no contempla a las personas sordas como tal en las excepciones en el uso de la mascarilla ni dice nada sobre los materiales para poder confeccionar mascarillas transparentes homologadas, que son las que necesitamos para una comunicación lo más óptima posible. Algunos hemos obtenido respuesta, otros no. El hecho de que sean homologadas es importante, por ejemplo, para ir al hospital. En un hospital no puedes entrar con una mascarilla de tela, por ejemplo, pero en nuestro caso, con una mascarilla accesible casera, tampoco, y ahí surge de nuevo el conflicto por enésima vez. Lo digo por propia experiencia, que en verdad, me dejó atónita. Santa paciencia. Os cuento: la persona con la que iba, llevaba mascarilla accesible casera, y de no haber ido yo acompañada por ella, no sé cómo habría resuelto la situación entre que tienes que comunicar tu cita, tienen que decirte adónde dirigirte, que te llaman por megafonía, que te vuelven a atender después con la mascarilla puesta… Pero esto no es lo que me dejó atónita, sino que a mi acompañante le hicieron ponerse una mascarilla quirúrgica ENCIMA de la accesible. Que para hablar conmigo se bajara la quirúrgica y así los labios quedaban visibles con el plástico de la otra. Aún con lo absurdo que es, tuvimos que hacerlo así, pero la quirúrgica se rompió por las gomas, ya que estaba puesta encima de la otra y claro… Imaginaros. Entiendo que en un entorno hospitalario las instrucciones sean más estrictas, de ahí la reivindicación de las que son accesibles para poder fomentar nuestra autonomía y no estar siempre supeditadas a una tercera persona, que a su vez, nos tiene que hacer el «favor» de acompañarnos. Esto o ir con el papel y boli a todos lados…

Como os decía, algunas personas (incluyo profesionales sanitarios) tienen la buena voluntad de bajársela para permitir la lectura labial (ojo, siempre respetando la distancia de seguridad), pero resulta estresante no saber si van a querer o no, y es un estrés constante. La alternativa del papel y boli, en mi opinión, no es la más idónea para mantener una conversación medianamente larga, por lo que no sería la mejor opción. Para casos puntuales, podría servir, pero no lo veo como alternativa real o factible en todas las situaciones. Y así estamos, por eso os pregunto cómo lo lleváis. De igual modo, ¿si os piden o pidiesen que os bajéis la mascarilla para poder entenderos, sería un problema o incomodidad? Os invito a que me escribáis en los comentarios.

Sin más, sigamos conscienciando sobre la necesidad de comprensión en esta problemática, sigamos reivindicando nuestros derechos, sigamos avanzando en una sociedad más empática y gracias por vuestro apoyo y buena disposición, voluntad…, nos hace la vida mucho más fácil.

P. D.: La mascarilla accesible de la imagen es casera, la ha confeccionado mi madre tras varias pruebas fallidas. Con ella, personas sordas pueden leerme los labios si lo necesitan. Y ver mi sonrisa.

Empatía en la nueva normalidad La sordera y las dichosas mascarillas...

¡Hola a todos!

Esta entrada presumo que será algo diferente. Me gustaría contaros dos situaciones o escenas, como hice con la entrada en la que os hablaba sobre el bilingüismo para que sea más fácil este ejercicio de empatía que os quiero proponer. Creo que de este modo puede ser más instructivo a la par que realista. Pero antes os pongo un poco en contexto: En la nueva normalidad, varias personas conviven en un mismo espacio pero una de ellas tiene especiales dificultades para comprender a los demás, debido a su sordera, ya que todos llevan mascarilla y necesita leer los labios para comunicarse. Esa persona sorda se llamará Adjoa de ahora en adelante.

Escena 1:

Adjoa está haciendo sus cosas. Entra una persona con la mascarilla puesta en el mismo espacio y Adjoa oye que dice algo pero ve que no se dirige a nadie en especial. Los demás parecen responder brevemente, alguno contesta con cierto entusiasmo. Más tarde, vuelve a oír voces, intuye quien habla, mira, y efectivamente algunos mantienen una conversación. A pesar de que llevan puestas las mascarillas, percibe que se trata de algo divertido, pues las risas así lo constatan. Al cabo de un rato, entra otra persona y dice algo, tipo pregunta, a lo que contestan a la vez. Adjoa sigue sin entender nada, ve y oye como los demás hablan y tal pero no puede llegar a adivinar de qué se trata. Sigue haciendo sus cosas. En el fondo se siente un poquito aislada pero piensa que debe de tratarse de cosas sin importancia y que si no se entera tampoco pasa nada. Aunque tiene ganas de que los demás compartan lo que sea que hablan, también con ella. Ser una más.

El tiempo pasa y la situación se repite. Al final, decide hacer algo al respecto, ya que se siente al margen y cuando ve que los demás vuelven a reírse, pregunta. Adjoa tiene necesidad también de socializar, por lo que mantiene una actitud abierta para demostrar que con ella también pueden contar. Cuando le cuentan lo que les hace tanta gracia, no se quitan la mascarilla porque se les olvida, y ella lo recuerda. La persona que le está contando, se baja la mascarilla, por lo que Adjoa se separa un poquito. Otra persona entra en la conversación porque le hace gracia la anécdota, pero Adjoa no la estaba mirando y además, cuando lo hace, comprueba que también tiene la mascarilla puesta por lo que tampoco la entiende. Se gira para seguir atendiendo la anécdota y finalmente, también le hace gracia aunque siente que le falta más información, pues la que tiene considera que no merece tales risas. Su sensación ahora no es tan de vacío, aunque siente que no es la situación ideal.

Escena 2:

Adjoa está haciendo sus cosas. Entra una persona con la mascarilla puesta en el mismo espacio y saluda a todos. Al ver a Adjoa, se aparta la mascarilla para saludarla también, a lo que Adjoa le devuelve el saludo. Los demás parecen responder brevemente, alguno contesta con cierto entusiasmo. Intuye que tendrá que ver con el saludo. Más tarde, vuelve a oír voces, intuye quien habla, mira, y efectivamente están manteniendo una conversación. A pesar de que llevan puestas las mascarillas, percibe que se trata de algo divertido, pues las risas así lo constatan. Una de estas personas, al ver que Adjoa está mirando, decide apartarse la mascarilla y seguir contando después de explicarle de lo que se trata. Al cabo de un rato, entra otra persona y dice algo, tipo pregunta, a lo que contestan a la vez. Adjoa se pierde pero le dicen lo que ha dicho y siguen con la conversación, Adjoa incluída. Adjoa se ríe y se anima, como los demás. Después, sigue con sus cosas. Se siente bien. Es una más.

El tiempo pasa y la situación se repite: oye que alguien está hablando, por lo que enseguida muestra interés y la persona se baja la mascarilla automáticamente para que también pueda entenderle. Es evidente que Adjoa tiene necesidad también de socializar, por lo que mantiene una actitud abierta para demostrar que con ella también pueden contar. Participa en la conversación, pues aunque alguno no se quita la mascarilla por momentos, la sigue lo suficientemente bien como para no sentirse perdida. Al final intuye lo que habrá dicho la otra persona y lo medio pregunta, por lo que comprueba que se trataba de eso y sigue animada. Al darse cuenta la otra persona, se baja la mascarilla y se hace más ameno. Se trata de una anécdota que le hace gracia a Adjoa y se ríe con los demás. Su sensación ahora no es de vacío, siente el apoyo de los demás.

corazon de nube

Bien, no sé si veis las enormes diferencias en ambas escenas, pero estos pequeños gestos de apartarse la mascarilla (y digo mascarilla refiriéndome a las no accesibles para personas sordas) forman parte del ejercicio de empatía que tanto necesitamos quienes precisamos sí o sí la lectura labial.

¿De qué escena te gustaría formar parte?

No querer ayudarnos o no tener consciencia al respecto implica fomentar nuestro aislamiento, lo cual a nivel psicológico no nos ayuda a sobrellevar toda esta situación en la «nueva normalidad». Al final se trata de un sobreesfuerzo, es cierto, pero para nosotros lo es mucho más. Como la sordera es invisible, es una lucha constante, tanto a nivel social como emocional. No es fácil para nosotros, por ello cualquier ayuda es muy bienvenida, porque por «pequeña» que os pueda parecer, para nosotros es todo un mundo. En este nuevo mundo podemos sentirnos bien, reírnos con los demás, formar parte de una conversación, sentirnos seguros de nosotros mismos… En definitiva, no sentirnos excluidos. O no tanto.

Necesitamos vuestro apoyo y comprensión. Gracias a los que ya nos apoyáis como podéis y/o sabéis, ojalá todos fueran como vosotros, desde luego, así, el mundo sería un lugar mejor, más empático.

«Hoy por ti y mañana por mí».

Mil gracias.

 

¿Por qué a nosotros? ¿Qué hacer si tu hijo o hija tiene discapacidad auditiva?

burbujas

He escogido esta imagen porque aunque parezca que el sepia sea un color que inspira pasado, lo importante es captar los colores de las burbujas que sopla la madre pero cogiendo la mano del niño. La mirada del niño está puesta en las burbujas, y el color representaría la ilusión con la que las mira a través. El futuro.

Con esta descripción particular y personal de la foto escogida como representación de esta entrada, quise hacer un guiño a las madres, padres, tutores y/o familiares, amigos, conocidos, etc., de un niño o niña con discapacidad auditiva para darles sosiego en su primer impacto al enterarse de la noticia: «no puede oír», «tiene secuelas auditivas», «se ha quedado sordo/a», «no reacciona a los sonidos»… En definitiva, que será diferente. Porque esto es lo que pasa al final, que esta persona será diferente. Ojo, no es nada malo ser diferente, ser diferente significa no ser igual. Por lo tanto, si no eres como los demás, eres diferente. En realidad todos somos diferentes, así que… ¿verdad que cada vez cobra menos importancia el ser diferente en función de como lo mires? De eso se trata o al menos es lo que me gustaría conseguir transmitir con esta entrada: no tener miedo y afrontar la vida lo mejor posible tal y como venga.

Bien, como os decía, es muy probable que, tras una noticia de este estilo, se tengan sentimientos encontrados y no se sepa como actuar, qué siguientes pasos tomar… incluso preguntarse «¿por qué a nosotros?». Es normal, pero no hay que sentirse culpables ni buscarlos, consejo de mi madre: «no hay que desesperar, calma», es la incertidumbre, es salir de la zona de confort, miedo a lo desconocido. A veces nos podemos dejar influenciar por rumores, experiencias de otras personas o vete a saber. Lo primordial es aceptar la nueva situación para poder dar el siguiente paso: actuar. Al hilo de lo que comentaba antes sobre la diferencia, la cuestión es que, precisamente como todos somos diferentes, es probable que se necesiten consejos para tomar un tipo de decisión u otra, pero hay que hacerlo siempre desde la perspectiva de la calidad de vida de vida del otro, comprenderlo (la empatía es importante aquí para poder, con el tiempo, detectar sus necesidades) y pensar en lo mejor para la persona a juzgar por las expectativas de los más entendidos en la materia. Pero aquí viene lo difícil, ¿verdad?: ¿qué es lo mejor?, ¿qué es peor?, ¿cómo sabemos si…? Sí, es difícil. Si pudiéramos ver en una máquina del tiempo como sería el futuro si hubiéramos actuado de tal manera en lugar de otra, es posible que cambiáramos decisiones. Pero como no se puede hacer, tenemos que guiarnos por el instinto, por los profesionales, por el corazón, por como estamos viendo al otro, por la opinión del otro si tiene criterio…

Por mi parte, os puedo decir que el secreto es informarse (cuanto más, mejor, pero siempre contrastando en la medida de lo posible), trabajo constante, cariño y acompañamiento, no estar solo. Trabajar, ser constante, repito. Así podemos esperar resultados, trabajando con constancia y con profesionales experimentados. Insisto, hablo por mí y basándome en mi propia experiencia, por lo que es posible que mi forma de ver el asunto no coincida con el de otras personas que hayan vivido circunstancias similares, aunque la verdad es que solemos coincidir quienes hemos vivido estas experiencias en que el esfuerzo y el trabajo constante es lo que marcará la diferencia.

Lo primero que habría que hacer tras saber que una persona no va a oír o no va a oír bien, es ponerse en marcha, empezar a ver opciones, a contactar con especialistas, otros padres y madres en situaciones similares si es posible, con asociaciones, etc., para ver qué opciones hay disponibles, los pros, los contras de los posibles recursos… (¡que hoy en día hay más que nunca, además, tenemos suerte!). Con esto me refiero a: hacer pruebas, conocer la realidad a nivel fisiológico (tipo y grado de pérdida), investigar posibles soluciones protésicas eficaces si hubiera restos auditivos, preguntar mucho y cuestionarse mucho y, cuando sea posible, decidir. La atención temprana es decisiva para dar respuesta a las necesidades que tengan que ver con el desarrollo. La decisión o opción escogida ante la situación probablemente marcará para siempre el futuro de esta persona cuando seguramente todavía ni tendrá la capacidad para razonar debido a la corta edad, por lo que es muy importante haberlo sopesado y meditado bien.

Y a partir de aquí, como os decía, trabajar con ejercicios, con imaginación, con juegos… ejercitar el sentido y la mente. Que no falte el cariño, los ambientes estables, tranquilos… El aprendizaje está estrechamente unido a las emociones, y si éstas son positivas, más lo será el aprendizaje. Es un punto importante porque, junto con la motivación, las emociones juegan un papel principal a la hora de entender, comunicar o razonar, comprender, atender, memorizar… Todos son procesos básicos que intervienen en el aprendizaje y que hay que reforzar a menudo cuando hay que dar un apoyo complementario a personas cuyo desarrollo se puede ver perjudicado por la falta de información accesible. Tener esto en cuenta y que cada persona tiene sus necesidades particulares, nos ayudará a minimizar todo lo posible las diferencias en el desarrollo de las capacidades cognitivas y que luego sentarán las bases para las competencias personales, sociales… necesarias para interactuar con los demás y forjar la propia identidad.

La idea es transmitir calma, que el aprendizaje sea enriquecedor y satisfactorio fomentando la predisposición para que así sea. No olvidar que son niñ@s y respetar sus tiempos. Ya dicen que las prisas son malas consejeras, pues en este contexto, lo son. A mí me ha funcionado… pero ha sido gracias a los que han participado en todo este proceso cuando era pequeña y también ahora de mayor, porque es un camino de largo recorrido…

agradecida

Y cuando digo esto pienso en mi madre y en mi padre, que SIEMPRE han estado ahí incondicionalmente para lo que hiciera falta, con infinita paciencia y amor, y siguen estando… Gràcies als dos.. Adornos navideños para el árbol con forma de corazón | Plantilla ...

Palabras empañadas, enjauladas

jaula

Bocas blancas superpuestas, sobresalen tanto
obstruyen palabras, ya entresijos, un nuevo canto,
escondidas y protegidas, más bien perdidas
esperando ser comprendidas, requeridas, ya sin encanto.

Rodeada de todas ellas, prisioneras, ajenas
se desvanecen algunas, pierden brillo, se empañan
inconscientes, automáticas, sin ser descubiertas apenas
¿…cómo pretenden liberarse, si sin saber, condenan…?

Abrir una ventana y aferrarse cual fuego en su llama
sin apartar los ojos ahora al conocimiento que se derrama,
que comprende las palabras, ya leídas, ya nítidas…
pues se hizo la luz en la transparencia tan deseada.

Y que bailen sin cesar, liberadas de su telar
sin barreras ni fronteras, artífices en su nueva libertad
que disfruten de su vuelo, tal es su voluntad
no pueden ser encerradas, no es su sino, es accesibilidad.

 

Si una persona os dice que no os entiende por la mascarilla (tradicional) puesta, considerad que sea una persona sorda. En tal caso basta con la distancia de seguridad para apartar la máscara sin riesgo y permitir que esta persona os pueda leer los labios para entenderos.

Gracias, pequeños gestos pueden ser liberadores.

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