¿Vergüenza por los audífonos? ¡Not me!

En esta entrada quiero hablar de la vergüenza que algunas personas pueden tener por llevar y que se vean los audífonos en las orejas. Un día, mirando un anuncio de gafas, pensé que es curioso que siendo las gafas una especie de prótesis (y sino, acordaros que antiguamente no eran tan bonitas como ahora…), no veamos igual el hecho de portar audífonos, y eso que también los hay de colores, con figuritas insertables (infantiles)… ¿No os da que pensar?

¿Por qué creéis que puede ser esto? ¿Es vergonzoso ser sordo/no oír bien y que se vea? En mi caso, nunca he sentido vergüenza por que se me vean o por decirlo. No he querido esconderlos por un tema estético.

Reconozco que alguna vez si me he querido hacer algun peinado, sí que he pensado, «sin los audífonos quedaría mejor», o incluso me los he quitado para ver como me quedaría si no tuviera que llevarlos… pero solo en alguna ocasión en que el peinado es especialmente bonito o vistoso. No era por vergüenza, sino por «estética normativa».

Hablando de esto de los peinados, teniendo en cuenta que cuando eres un niño o una niña son los padres quienes deciden tu ropa, tu peinado y prácticamente tu todo, son los primeros que deberían normalizarlo. De hecho, me cuenta mi madre que le decían que me tapara los audífonos con mi pelo, que los disimulara, y por suerte, porque es una madraza, ella contestaba que no, que al contrario… ¿No creéis que si lo hubiera hecho, me hubiera acomplejado? Da que pensar… porque si hubiera llegado a tener algún complejo en este sentido, me habría frustrado mucho y cansado, porque sería luchar contínuamente contra algo que no se va a ir, que tarde o temprano se iba a ver, quisiera o no. Y así, fácilmente se convertiría en algo parecido a «un punto débil»… y los críos son crueles con esto, «huelen» los puntos débiles, por decirlo así, ya lo sabéis…

Entonces…, ¿es algo malo de lo que esconderse?, ¿es mejor disimularlos, que sean discretos? ¿Tanto puede afectar a la imagen que puedan tener de nosotros mismos? ¿Nos define el llevarlos? ¿Es un tema de aceptación propia, de los demás? ¿Qué es?

Personalmente, creo que tiene que ver con la idea de acercarnos a lo «perfecto», de modo que quien «no lo sea», pueda sentir cierto rechazo de los demás (aunque esté todo en la cabeza y sean realmente inseguridades). A menudo el rechazo está asociado a lo desconocido, es cierto, pero al final, de lo que se trata es del miedo. ¿Miedo a que nos miren diferente? ¿A que no nos traten igual? ¿A que se metan o se rían de nosotros? Esto lo podría comprender, y de hecho lo he vivido (repito, los críos pueden ser muy crueles), pero lo más importante al final es que te aceptes a ti mismo para enseñar a los demás que no es nada malo, al contrario, que gracias a este dispositivo electrónico, podemos oír. Hay que hacer pedagogía, no nos queda otra. «A palabras necias, oídos sordos», y nunca mejor dicho…

No olvidemos que el tener una discapacidad puede acarrear el no tener una buena autoestima, debido a los obstáculos, las inseguridades como comentaba antes, el desconocimiento (nosotros tampoco nacemos enseñados, tenemos que aprender todo sobre la marcha…). Pero sobretodo, no olvidemos que a fin de cuentas, la realidad es que tenemos la suerte de disponer de ellos y gracias a estos audífonos (o implante coclear) podemos manejarnos más o menos bien con nuestro entorno. No hay nada que disimular, nada que esconder y mucho que aprender acerca de los prejuicios absurdos. Al final, es una parte de nosotros, en cierto modo, una extensión de nuestro cuerpo (¿cyborg?). El mensaje que quiero transmitir es, que llevemos o no algun tipo de prótesis visible, no nos tenemos que avergonzar y que si se meten con nosotros, tenemos que aprender a defendernos de una forma no violenta a pesar del daño que nos puedan hacer. O simplemente no hacer caso, «el mejor desprecio es no hacer aprecio». Ya se cansarán, o se avergonzarán ellos cuando se den cuenta de lo absurdo de su proceder. Y les perdonaremos porque habremos superado un prejuicio juntos. Es un aprendizaje mutuo: aprender a aceptarnos y a aceptar a los demás. No es fácil, pero con el tiempo y la experiencia todo llega, creedme.

Sin más, espero que aprendamos a vivir y convivir en armonía con estos dispositivos y esta tecnología que nos facilita la vida y que eduquemos desde el respeto y la aceptación a los niños para que no tengan que sufrir (más, si cabe). Recuerda: nada que esconder, mucho que celebrar.

Un abrazo.

 

La importancia de sumar y de querer bonito

¡Hola a todos!

En estos tiempos que corren con la pandemia, me apetece hablar sobre lo genial que es poder estar rodeado de personas que te hacen sentir bien, que suman. Supongo que tiene que ver con tanta restricción que estamos sufriendo para contener el virus que todo lo ha cambiado y que nos impide disfrutar unos de otros con la libertad en que lo hacíamos.

Recuerdo lo genial que era reunirnos en nuestro tiempo libre con personas oyentes, sordos signantes, sordos oralistas… En definitiva, con amigos, con quien quisiéramos, y nuestro propósito era común: pasarlo bien, estar juntos. Pero quería remarcar que era tan genial porque había empatía, colaboración… Me refiero a que cuando intervienen diferentes modalidades comunicativas (los que signan únicamente, los que usan la palabra complementada, los que solo necesitan que les vocalices un poco, los que necesitan leerte los labios todo el rato…) se crea un entorno que parece mágico: hay tanta voluntad por hacerse entender y por querer que el otro nos comprenda… es algo muy especial y que he ido notando que se crea fácilmente cuando algunas personas tienen necesidades especiales. Cuando unos miran por otros. Hay un halo diferente que envuelve a las personas, como un halo de cercanía, de voluntad, de querer y querer bonito. Es bonito, la verdad (¡valga la redundancia!). Tener recursos comunicativos (es decir, espabilarse) cuando hay personas que lo necesitan, es algo que agradecer. Es sumar, implica sumar. Y lo maravilloso de combinar lengua de signos y la palabra oral es cuando aprovechas lo mejor de cada una: decides qué palabras, conceptos, significados utilizar (orales, visuales, ambos a la vez…). Creedme, es mágico. Imaginaros: si es bonito el resultado final, más lo son las personas que están detrás de este resultado…

Deseando estoy que llegue el momento del reencuentro para que la magia vuelva… que la tecnología está muy bien, pero la magia se palpa más en vivo y en directo, ya me entendéis. Hay cosas irremplazables, únicas.

Y de nuevo dar las gracias a todas aquellas personas que tienen la deferencia de bajarse la mascarilla por nosotros… parece que cada vez hay que insistir menos… Anécdota que creo que no os he contado: en el supermercado en el que compro habitualmente, uno de los cajeros, siempre que me ve, se baja la mascarilla para decirme algo (la última vez, para decirme «feliz año», así, sin más). La sensación de sentirse querida es tal, que siempre salgo pensando: «Pero que gente más bonita».

Vamos a ser positivos, el final de todo esto cada vez está más cerca… De repente podremos estar juntos sin tantas barreras (dichosas mascarillas) y reforzados de todo cuanto hayamos aprendido. ¡Sigamos sumando!

Y que este año 2021 nos traiga cosas bonitas, como las sonrisas de verdad, las que se ven, las que no se esconden… las que nos merecemos.

Teatro accesible Mi primera vez

¡Hola a todos!

El otro día fui por primera vez a un teatro accesible. Mejor dicho, pude ir a un teatro y disfrutar de la obra. Estaba «sobretitulada». Esta palabra, no la conocía y la «descubrí» hace relativamente poco, porque siempre decimos «sub-titulado» aunque sea por inercia, no «sobre-titulado». Tiene su lógica, lo que dicen está encima del escenario y no debajo de la pantalla como estamos acostumbrados. No estuvo mal, aunque al principio pensaba que iba a ser un desastre. Os cuento:

Al hacer la reserva, ya indiqué que algunas de las personas que íbamos, éramos sordas, más que nada por si era conveniente reservarnos algún lugar preferente para poder leer mejor lo que decían. Nos recomendaron unos asientos y los reservamos. Si por lo que fuera no nos fueran bien, podíamos cambiarnos avisando al acomodador, así que estaba tranquila en este sentido.

Bien, también nos avisaron de que teníamos como recurso bucles magnéticos o sistemas de frecuencia modulada para poder oír mejor la obra. Debido a que mi audífono dispone de «T» para poder activar el bucle magnético, pensé que sería una experiencia interesante. Otras personas que me acompañaban también probaron el sistema de frecuencia modulada. Nos dispusimos a ir a platea, donde teníamos nuestros asientos. Comenzó la obra.

Antes de empezar, yo ya había regulado el volumen del bucle magnético -nos avisaron de que los altibajos de las voces de los actores y actrices podrían molestar, por lo que lo tuviéramos en cuenta si teníamos que modular rápidamente-, y por un momento pensé que no lo tenía activado (el bucle) porque no notaba nada diferente. También quiero matizar que este tipo de bucle en concreto nunca lo había probado, era como un colgante, y hasta el momento, los que había probado estaban integrados en la estructura del aula o del lugar, de modo que yo no me tenía que poner nada encima.

Con el bucle magnético, se supone que las voces (hay una sincronización con los micrófonos de los actores) se oyen directamente en los audífonos (al activar la «T»), por lo que el sonido exterior se atenúa y la experiencia acústica facilita la comprensión. Pues no notaba nada. Pregunté a mis amigos que venían conmigo si a ellos les iba bien la frecuencia modulada (también era un colgante, de siempre lo ha sido), y parecía que estaban contentos. Vaya, quizá es el bucle, o a saber, pensé. Retoqué el volumen pero nada. Así que al final decidí pedir cambiarlo por el sistema de frecuencia modulada, quizá me iba mejor…

Con la frecuencia modulada, te dan unos auriculares que igualmente hacen que las voces de los actores vayan directamente, por lo que, debería oírse más nítido y cercano, es decir, más esclarecedor. Eso teniendo en cuenta que si te lo pones encima de los audífonos, te puede apretar y ser poco cómodo, o que según donde estén los micrófonos en los audífonos te vaya mejor o peor, aunque no debería suponer demasiado problema. Pues tampoco me iba bien.

Mi pareja, que estaba sentada a mi lado, era capaz de oír lo que salía de los auriculares de lo fuerte que estaba (¡al máximo!), pero yo no podía notar prácticamente diferencia entre como oía «de normal» que con los auriculares. También tengo que decir que, al llevar audífonos nuevos, me resulta todo nuevo. La cuestión es que al final, preferí estar sin nada, solo con mis audífonos, que lo escuchaba todo mejor, a fin de cuentas.

Una vez decidido que no me pondría ninguna «ayuda técnica», tocaba fijarme bien y concentrarme en la obra, porque ya llevaba unos minutos que no me estaba enterando de nada con el rollo del bucle y de la frecuencia modulada. Las letras sobretituladas, no las veía bien. Tenía que achicar mucho los ojos, porque estaban algo lejos, poco iluminadas… tenues, y me tenía que esforzar mucho para leer rápido y todo, lo que me estaba resultando complicado y me perdía muchos trozos, perdiendo así interés en la obra por no terminar haciendo la conexión entre lo que leía, quien lo decía y el propio espectáculo. Ante la frustración, pensé que tal vez si me cambiaba de sitio, más cerca del escenario, podría seguirlo mejor, y menos mal que lo hice (¡y suerte que los asientos estaban libres…!). Finalmente mi experiencia fue mucho mejor, incluso al estar más cerca de los actores, del escenario, pude vivenciar mejor las situaciones del espectáculo, entenderlas y comprenderlas bien. Al fin me pude meter en la obra y en los personajes.

Y así fue como mi primera vez en el teatro accesible mereció la pena gracias a la sobretitulación. Además la obra trataba sobre temas muy interesantes y con giros muy originales que hicieron que la disfrutara de verdad, como cualquier otro espectador. Y es que de eso se trata, de que todos podamos tener la oportunidad de acceder a la cultura, al arte y podamos divertirnos sin las preocupaciones derivadas de las barreras de comunicación que tan presentes tenemos siempre en nuestras vidas. Que todos podamos sentarnos y disfrutar, que haya un asiento para todos.

¡Viva la accesibilidad y la cultura, que nos hace libres! No dejemos de reclamar y disfrutar nuestros derechos.

¿Y vosotros, habéis tenido la oportunidad de ir a un teatro accesible?

 

Campaña «Queremos leer los labios» de ACAPPS

¡Hola a todos!

Hoy es el último día de la semana internacional de personas sordas, que en España se celebró ayer, día 29 de septiembre. Seguimos reivindicando nuestros derechos ya reconocidos por ley, en los que se incluye, entre otros, la plena accesibilidad en todos los ámbitos.

Como el tema de la mascarilla transparente sigue sin resolverse al no estar todavía homologadas, los movimientos y acciones para visibilizar esta problemática, siempre serán necesarios y más que nunca, urgentes.

En este sentido, ACAPPS, una asociación catalana para la promoción de las personas sordas, está implicada en una campaña en la que se destaca la necesidad de leer los labios en aquellas personas que nos comunicamos por el medio oral de forma habitual y que, debido a la barrera que supone la mascarilla, no podemos, ocasionándonos aislamiento y dificultades de comunicación, como muchos ya sabéis. Bien, he participado en esta campaña con mi colaboración a través de un vídeo muy corto, de 20 segundos, en que, de manera diferente, pido que las personas nos tengan en cuenta:

Este vídeo se puede encontrar colgado actualmente en su web: https://acapps.org/web/vullllegirelsllavis/ y muchas otras personas están colaborando también para seguir luchando por esta concienciación a una sociedad que, quiero pensar que cada vez más, se va dando cuenta de que en la diversidad funcional está la riqueza y que de las demandas de unos, se pueden beneficiar otros. Me refiero al poder ver las caras de las personas al cruzar la calle, poder adivinar sus emociones por sus gestos faciales… Todo ello ahora es complicado, por lo que cualquier iniciativa en esta dirección y que implique transparencia en la zona facial, es de agradecer, y no solo en el colectivo de personas sordas. Seguro que estáis de acuerdo conmigo.

Quiero de nuevo agradecer a todos aquellos que, con su empatía, nos hacen la vida más fácil, seguid haciéndolo, por favor.

Gracias también a ACAPPS por este proyecto (¡y tantos otros!) tan necesario en que, siendo nuestro colectivo tan heterogéneo, podemos dar voz a diferentes situaciones (desafortunadas) que vivimos y hacerlo de manera directa a través de una simple cámara.

Gracias por escucharnos, por no dejarnos solos.

La buena voluntad al bajarse la mascarilla por nosotr@s

¡Hola a tod@s!

¿Cómo estáis, cómo lleváis esta «nueva normalidad» en que se supone que podemos hacer vida más o menos normal pero bajo la amenaza constante de un nuevo confinamiento? ¿Y el tema de las mascarillas, cómo va? Nosotr@s, las personas sordas oralistas lo llevamos «regulín».

Esta entrada es de agradecimiento a todas aquellas personas que me voy encontrando y que tras decirles que no oigo bien y que leo los labios, lo entienden a la primera y se disponen a bajársela para hablarme. Lo cierto es que son la mayoría, pero siempre hay algunas personas que se quedan en «shock», sin saber qué hacer y con éstas, resulta más difícil la comunicación. Incluso un chófer de un autobús se me puso a reír al decirle que tenía que leerle los labios…, quiero decir que muchos ni saben ni comprenden para qué esa lectura labial (debía pensar que le tomaba el pelo… está claro. Al final lo entendió y se bajó la mascarilla al hablarme). En más de una ocasión he decidido irme del lugar por no ser posible este entendimiento, con el sabor amargo de que tengan que estar siempre haciéndote este «favor». Si esta situación en relación a la discapacidad auditiva se contemplara desde la ley, sería diferente, pues estaríamos amparados.

Junto con otras personas sordas oralistas, hemos enviado escritos a organismos gubernamentales o medios de comunicación para explicarles y/o difundir nuestra problemática, ya que la ley no contempla a las personas sordas como tal en las excepciones en el uso de la mascarilla ni dice nada sobre los materiales para poder confeccionar mascarillas transparentes homologadas, que son las que necesitamos para una comunicación lo más óptima posible. Algunos hemos obtenido respuesta, otros no. El hecho de que sean homologadas es importante, por ejemplo, para ir al hospital. En un hospital no puedes entrar con una mascarilla de tela, por ejemplo, pero en nuestro caso, con una mascarilla accesible casera, tampoco, y ahí surge de nuevo el conflicto por enésima vez. Lo digo por propia experiencia, que en verdad, me dejó atónita. Santa paciencia. Os cuento: la persona con la que iba, llevaba mascarilla accesible casera, y de no haber ido yo acompañada por ella, no sé cómo habría resuelto la situación entre que tienes que comunicar tu cita, tienen que decirte adónde dirigirte, que te llaman por megafonía, que te vuelven a atender después con la mascarilla puesta… Pero esto no es lo que me dejó atónita, sino que a mi acompañante le hicieron ponerse una mascarilla quirúrgica ENCIMA de la accesible. Que para hablar conmigo se bajara la quirúrgica y así los labios quedaban visibles con el plástico de la otra. Aún con lo absurdo que es, tuvimos que hacerlo así, pero la quirúrgica se rompió por las gomas, ya que estaba puesta encima de la otra y claro… Imaginaros. Entiendo que en un entorno hospitalario las instrucciones sean más estrictas, de ahí la reivindicación de las que son accesibles para poder fomentar nuestra autonomía y no estar siempre supeditadas a una tercera persona, que a su vez, nos tiene que hacer el «favor» de acompañarnos. Esto o ir con el papel y boli a todos lados…

Como os decía, algunas personas (incluyo profesionales sanitarios) tienen la buena voluntad de bajársela para permitir la lectura labial (ojo, siempre respetando la distancia de seguridad), pero resulta estresante no saber si van a querer o no, y es un estrés constante. La alternativa del papel y boli, en mi opinión, no es la más idónea para mantener una conversación medianamente larga, por lo que no sería la mejor opción. Para casos puntuales, podría servir, pero no lo veo como alternativa real o factible en todas las situaciones. Y así estamos, por eso os pregunto cómo lo lleváis. De igual modo, ¿si os piden o pidiesen que os bajéis la mascarilla para poder entenderos, sería un problema o incomodidad? Os invito a que me escribáis en los comentarios.

Sin más, sigamos conscienciando sobre la necesidad de comprensión en esta problemática, sigamos reivindicando nuestros derechos, sigamos avanzando en una sociedad más empática y gracias por vuestro apoyo y buena disposición, voluntad…, nos hace la vida mucho más fácil.

P. D.: La mascarilla accesible de la imagen es casera, la ha confeccionado mi madre tras varias pruebas fallidas. Con ella, personas sordas pueden leerme los labios si lo necesitan. Y ver mi sonrisa.

Empatía en la nueva normalidad La sordera y las dichosas mascarillas...

¡Hola a todos!

Esta entrada presumo que será algo diferente. Me gustaría contaros dos situaciones o escenas, como hice con la entrada en la que os hablaba sobre el bilingüismo para que sea más fácil este ejercicio de empatía que os quiero proponer. Creo que de este modo puede ser más instructivo a la par que realista. Pero antes os pongo un poco en contexto: En la nueva normalidad, varias personas conviven en un mismo espacio pero una de ellas tiene especiales dificultades para comprender a los demás, debido a su sordera, ya que todos llevan mascarilla y necesita leer los labios para comunicarse. Esa persona sorda se llamará Adjoa de ahora en adelante.

Escena 1:

Adjoa está haciendo sus cosas. Entra una persona con la mascarilla puesta en el mismo espacio y Adjoa oye que dice algo pero ve que no se dirige a nadie en especial. Los demás parecen responder brevemente, alguno contesta con cierto entusiasmo. Más tarde, vuelve a oír voces, intuye quien habla, mira, y efectivamente algunos mantienen una conversación. A pesar de que llevan puestas las mascarillas, percibe que se trata de algo divertido, pues las risas así lo constatan. Al cabo de un rato, entra otra persona y dice algo, tipo pregunta, a lo que contestan a la vez. Adjoa sigue sin entender nada, ve y oye como los demás hablan y tal pero no puede llegar a adivinar de qué se trata. Sigue haciendo sus cosas. En el fondo se siente un poquito aislada pero piensa que debe de tratarse de cosas sin importancia y que si no se entera tampoco pasa nada. Aunque tiene ganas de que los demás compartan lo que sea que hablan, también con ella. Ser una más.

El tiempo pasa y la situación se repite. Al final, decide hacer algo al respecto, ya que se siente al margen y cuando ve que los demás vuelven a reírse, pregunta. Adjoa tiene necesidad también de socializar, por lo que mantiene una actitud abierta para demostrar que con ella también pueden contar. Cuando le cuentan lo que les hace tanta gracia, no se quitan la mascarilla porque se les olvida, y ella lo recuerda. La persona que le está contando, se baja la mascarilla, por lo que Adjoa se separa un poquito. Otra persona entra en la conversación porque le hace gracia la anécdota, pero Adjoa no la estaba mirando y además, cuando lo hace, comprueba que también tiene la mascarilla puesta por lo que tampoco la entiende. Se gira para seguir atendiendo la anécdota y finalmente, también le hace gracia aunque siente que le falta más información, pues la que tiene considera que no merece tales risas. Su sensación ahora no es tan de vacío, aunque siente que no es la situación ideal.

Escena 2:

Adjoa está haciendo sus cosas. Entra una persona con la mascarilla puesta en el mismo espacio y saluda a todos. Al ver a Adjoa, se aparta la mascarilla para saludarla también, a lo que Adjoa le devuelve el saludo. Los demás parecen responder brevemente, alguno contesta con cierto entusiasmo. Intuye que tendrá que ver con el saludo. Más tarde, vuelve a oír voces, intuye quien habla, mira, y efectivamente están manteniendo una conversación. A pesar de que llevan puestas las mascarillas, percibe que se trata de algo divertido, pues las risas así lo constatan. Una de estas personas, al ver que Adjoa está mirando, decide apartarse la mascarilla y seguir contando después de explicarle de lo que se trata. Al cabo de un rato, entra otra persona y dice algo, tipo pregunta, a lo que contestan a la vez. Adjoa se pierde pero le dicen lo que ha dicho y siguen con la conversación, Adjoa incluída. Adjoa se ríe y se anima, como los demás. Después, sigue con sus cosas. Se siente bien. Es una más.

El tiempo pasa y la situación se repite: oye que alguien está hablando, por lo que enseguida muestra interés y la persona se baja la mascarilla automáticamente para que también pueda entenderle. Es evidente que Adjoa tiene necesidad también de socializar, por lo que mantiene una actitud abierta para demostrar que con ella también pueden contar. Participa en la conversación, pues aunque alguno no se quita la mascarilla por momentos, la sigue lo suficientemente bien como para no sentirse perdida. Al final intuye lo que habrá dicho la otra persona y lo medio pregunta, por lo que comprueba que se trataba de eso y sigue animada. Al darse cuenta la otra persona, se baja la mascarilla y se hace más ameno. Se trata de una anécdota que le hace gracia a Adjoa y se ríe con los demás. Su sensación ahora no es de vacío, siente el apoyo de los demás.

corazon de nube

Bien, no sé si veis las enormes diferencias en ambas escenas, pero estos pequeños gestos de apartarse la mascarilla (y digo mascarilla refiriéndome a las no accesibles para personas sordas) forman parte del ejercicio de empatía que tanto necesitamos quienes precisamos sí o sí la lectura labial.

¿De qué escena te gustaría formar parte?

No querer ayudarnos o no tener consciencia al respecto implica fomentar nuestro aislamiento, lo cual a nivel psicológico no nos ayuda a sobrellevar toda esta situación en la «nueva normalidad». Al final se trata de un sobreesfuerzo, es cierto, pero para nosotros lo es mucho más. Como la sordera es invisible, es una lucha constante, tanto a nivel social como emocional. No es fácil para nosotros, por ello cualquier ayuda es muy bienvenida, porque por «pequeña» que os pueda parecer, para nosotros es todo un mundo. En este nuevo mundo podemos sentirnos bien, reírnos con los demás, formar parte de una conversación, sentirnos seguros de nosotros mismos… En definitiva, no sentirnos excluidos. O no tanto.

Necesitamos vuestro apoyo y comprensión. Gracias a los que ya nos apoyáis como podéis y/o sabéis, ojalá todos fueran como vosotros, desde luego, así, el mundo sería un lugar mejor, más empático.

«Hoy por ti y mañana por mí».

Mil gracias.

 

¿Por qué a nosotros? ¿Qué hacer si tu hijo o hija tiene discapacidad auditiva?

burbujas

He escogido esta imagen porque aunque parezca que el sepia sea un color que inspira pasado, lo importante es captar los colores de las burbujas que sopla la madre pero cogiendo la mano del niño. La mirada del niño está puesta en las burbujas, y el color representaría la ilusión con la que las mira a través. El futuro.

Con esta descripción particular y personal de la foto escogida como representación de esta entrada, quise hacer un guiño a las madres, padres, tutores y/o familiares, amigos, conocidos, etc., de un niño o niña con discapacidad auditiva para darles sosiego en su primer impacto al enterarse de la noticia: «no puede oír», «tiene secuelas auditivas», «se ha quedado sordo/a», «no reacciona a los sonidos»… En definitiva, que será diferente. Porque esto es lo que pasa al final, que esta persona será diferente. Ojo, no es nada malo ser diferente, ser diferente significa no ser igual. Por lo tanto, si no eres como los demás, eres diferente. En realidad todos somos diferentes, así que… ¿verdad que cada vez cobra menos importancia el ser diferente en función de como lo mires? De eso se trata o al menos es lo que me gustaría conseguir transmitir con esta entrada: no tener miedo y afrontar la vida lo mejor posible tal y como venga.

Bien, como os decía, es muy probable que, tras una noticia de este estilo, se tengan sentimientos encontrados y no se sepa como actuar, qué siguientes pasos tomar… incluso preguntarse «¿por qué a nosotros?». Es normal, pero no hay que sentirse culpables ni buscarlos, consejo de mi madre: «no hay que desesperar, calma», es la incertidumbre, es salir de la zona de confort, miedo a lo desconocido. A veces nos podemos dejar influenciar por rumores, experiencias de otras personas o vete a saber. Lo primordial es aceptar la nueva situación para poder dar el siguiente paso: actuar. Al hilo de lo que comentaba antes sobre la diferencia, la cuestión es que, precisamente como todos somos diferentes, es probable que se necesiten consejos para tomar un tipo de decisión u otra, pero hay que hacerlo siempre desde la perspectiva de la calidad de vida de vida del otro, comprenderlo (la empatía es importante aquí para poder, con el tiempo, detectar sus necesidades) y pensar en lo mejor para la persona a juzgar por las expectativas de los más entendidos en la materia. Pero aquí viene lo difícil, ¿verdad?: ¿qué es lo mejor?, ¿qué es peor?, ¿cómo sabemos si…? Sí, es difícil. Si pudiéramos ver en una máquina del tiempo como sería el futuro si hubiéramos actuado de tal manera en lugar de otra, es posible que cambiáramos decisiones. Pero como no se puede hacer, tenemos que guiarnos por el instinto, por los profesionales, por el corazón, por como estamos viendo al otro, por la opinión del otro si tiene criterio…

Por mi parte, os puedo decir que el secreto es informarse (cuanto más, mejor, pero siempre contrastando en la medida de lo posible), trabajo constante, cariño y acompañamiento, no estar solo. Trabajar, ser constante, repito. Así podemos esperar resultados, trabajando con constancia y con profesionales experimentados. Insisto, hablo por mí y basándome en mi propia experiencia, por lo que es posible que mi forma de ver el asunto no coincida con el de otras personas que hayan vivido circunstancias similares, aunque la verdad es que solemos coincidir quienes hemos vivido estas experiencias en que el esfuerzo y el trabajo constante es lo que marcará la diferencia.

Lo primero que habría que hacer tras saber que una persona no va a oír o no va a oír bien, es ponerse en marcha, empezar a ver opciones, a contactar con especialistas, otros padres y madres en situaciones similares si es posible, con asociaciones, etc., para ver qué opciones hay disponibles, los pros, los contras de los posibles recursos… (¡que hoy en día hay más que nunca, además, tenemos suerte!). Con esto me refiero a: hacer pruebas, conocer la realidad a nivel fisiológico (tipo y grado de pérdida), investigar posibles soluciones protésicas eficaces si hubiera restos auditivos, preguntar mucho y cuestionarse mucho y, cuando sea posible, decidir. La atención temprana es decisiva para dar respuesta a las necesidades que tengan que ver con el desarrollo. La decisión o opción escogida ante la situación probablemente marcará para siempre el futuro de esta persona cuando seguramente todavía ni tendrá la capacidad para razonar debido a la corta edad, por lo que es muy importante haberlo sopesado y meditado bien.

Y a partir de aquí, como os decía, trabajar con ejercicios, con imaginación, con juegos… ejercitar el sentido y la mente. Que no falte el cariño, los ambientes estables, tranquilos… El aprendizaje está estrechamente unido a las emociones, y si éstas son positivas, más lo será el aprendizaje. Es un punto importante porque, junto con la motivación, las emociones juegan un papel principal a la hora de entender, comunicar o razonar, comprender, atender, memorizar… Todos son procesos básicos que intervienen en el aprendizaje y que hay que reforzar a menudo cuando hay que dar un apoyo complementario a personas cuyo desarrollo se puede ver perjudicado por la falta de información accesible. Tener esto en cuenta y que cada persona tiene sus necesidades particulares, nos ayudará a minimizar todo lo posible las diferencias en el desarrollo de las capacidades cognitivas y que luego sentarán las bases para las competencias personales, sociales… necesarias para interactuar con los demás y forjar la propia identidad.

La idea es transmitir calma, que el aprendizaje sea enriquecedor y satisfactorio fomentando la predisposición para que así sea. No olvidar que son niñ@s y respetar sus tiempos. Ya dicen que las prisas son malas consejeras, pues en este contexto, lo son. A mí me ha funcionado… pero ha sido gracias a los que han participado en todo este proceso cuando era pequeña y también ahora de mayor, porque es un camino de largo recorrido…

agradecida

Y cuando digo esto pienso en mi madre y en mi padre, que SIEMPRE han estado ahí incondicionalmente para lo que hiciera falta, con infinita paciencia y amor, y siguen estando… Gràcies als dos.. Adornos navideños para el árbol con forma de corazón | Plantilla ...

Palabras empañadas, enjauladas

jaula

Bocas blancas superpuestas, sobresalen tanto
obstruyen palabras, ya entresijos, un nuevo canto,
escondidas y protegidas, más bien perdidas
esperando ser comprendidas, requeridas, ya sin encanto.

Rodeada de todas ellas, prisioneras, ajenas
se desvanecen algunas, pierden brillo, se empañan
inconscientes, automáticas, sin ser descubiertas apenas
¿…cómo pretenden liberarse, si sin saber, condenan…?

Abrir una ventana y aferrarse cual fuego en su llama
sin apartar los ojos ahora al conocimiento que se derrama,
que comprende las palabras, ya leídas, ya nítidas…
pues se hizo la luz en la transparencia tan deseada.

Y que bailen sin cesar, liberadas de su telar
sin barreras ni fronteras, artífices en su nueva libertad
que disfruten de su vuelo, tal es su voluntad
no pueden ser encerradas, no es su sino, es accesibilidad.

 

Si una persona os dice que no os entiende por la mascarilla (tradicional) puesta, considerad que sea una persona sorda. En tal caso basta con la distancia de seguridad para apartar la máscara sin riesgo y permitir que esta persona os pueda leer los labios para entenderos.

Gracias, pequeños gestos pueden ser liberadores.

Las mascarillas

mascarilla sordos

Siempre intento que la imagen que asocio a la entrada tenga que ver directamente con lo que quiero expresar o reivindicar. Esta vez y teniendo en cuenta el contexto que estamos viviendo, va sobre accesibilidad.

Al comienzo de lo que venía siendo la epidemia, antes de declararse pandemia, ya se veían personas de otros países (todos sabemos cual fue el primero) con mascarillas por las calles. Para entonces el hecho de imaginar que aquí pasaría lo mismo, quedaba muy lejos.

Hoy en día, en plena pandemia mundial cualquier tipo de protección parece poca, y si no veáse como van de protegidos (o deberían) el personal sanitario ante la exposición del coronavirus Covid-19 que tan en vilo nos tiene a todos y además confinados en nuestras casas.

El confinamiento al que nos obliga el estado de alarma debido a la emergencia sanitaria de nuestro país (al igual que muchos otros), lleva intrínseco un aislamiento -en las personas sordas especialmente- añadido como es la falta de accesibilidad a la hora de poder comunicarnos cuando salimos de nuestras casas con las personas que llevan mascarilla.

Hace dos días me pasó: tuve que salir de casa para ir a la farmacia y el farmacéutico, que ya me va conociendo aunque tenga que recordarle cada vez que me vocalice porque tengo que leerle los labios, llevaba la mascarilla puesta. Después de saludar y enseñarle mi receta médica para que me la dispensara, le dije que necesitaba leerle los labios ya que soy sorda. Asintió, pero siguió hablando. Como me era imposible entenderle, le volví a repetir que si no le veía la boca no le podía entender porque tenía que leerle los labios. Noté que se ponía algo nervioso y se apartó la mascarilla para hablarme. Luego se la volvió a poner. Me volvió a hablar, sin quitársela y le repetí lo mismo. Volvió a quitársela. Mientras tanto, yo pensaba que por que no se la dejaba apartada si ya estaba a más de metro y medio de distancia, siguiendo los protocolos de prevención y que además recordaban en el mostrador. Cada vez que se quitaba la mascarilla, sus dedos quedaban a un centímetro de la boca, por lo que el vapor de agua al hablar quedaba en sus dedos y después (aún llevando guantes) tocaba mi receta, mis pastillas. Y así todo el rato. No le dije nada porque ya veía que la situación le superaba un poco pero me parecía un poco absurdo. Al final conseguimos entendernos pero me fui reflexionando que los que trabajan de cara al público deberían de contemplar la posibilidad de hacerse con mascarillas que lleven un plástico a la altura de la boca para ser accesibles a personas con discapacidad auditiva. Porque se supone que la accesibilidad es un derecho y está recogido en las leyes.

Esta situación se agrava bastante si una persona sorda contrae el virus y necesita ir al hospital para tratarse. ¿Os podéis imaginar el estrés ya no solo por la propia situación sino acrecentada ésta por el hecho de no entender al personal sanitario de turno? Las preguntas que te hacen, las indicaciones… no quiero ni imaginármelo. Supongo que habría que recurrir al papel escrito… o a una transcripción del audio con alguna aplicación móvil.

Igualmente los policías si te paran para preguntarte… En fin, es más estresante para nosotr@s. Está claro que es una situación nueva para todos pero para algunas personas conlleva sumar dificultades.

Además, ahora parece que podría ser obligatorio llevar mascarillas para todo aquel que salga a la calle. A las personas sordas nos parece muy bien como medida preventiva para no contagiar a más personas pero no podemos evitar, a su vez, sentirnos excluidos. Solo me queda decir que pase todo esto rápido y podamos volver lo más pronto posible a la normalidad, que esta situación no es cómoda para ninguno.

Quiero recordar y reivindicar que la accesibilidad es un derecho y una obligación, que necesitamos informar más si es necesario, conscienciar más si cabe. Las mascarillas o dispositivos de protección pensadas para atender personas sordas existen y por ello hay que darles uso cuando sea necesario y siempre que sea posible. Su finalidad es ser accesibles, repito. Me entristece pensar que en pleno siglo XXI tengamos que vivir este tipo de situaciones y no se acuerden de nosotros como colectivo especialmente vulnerable en situaciones de emergencia. Que tenga que ser un factor de suerte, de buena disposición o voluntad del profesional en el sentido de que quiera o no quitarse la máscara no es justo.

Supongo que nos queda un camino demasiado largo por recorrer. Pero ahí queda dicho.

Muchas gracias por vuestra comprensión y mucha salud a tod@s.

Voces de colores

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En esta entrada hablaré de los matices en la voz que una persona sorda puede tener.

Lo que voy a contar tiene mucha relación con que muchas personas sordas decidan no hablar como forma habitual de comunicación o, simplemente, no les salga el «hablar» de forma natural o espontánea. Tiene que ver con lo de decir «sordomudo«.

Por «hablar» me estoy refiriendo a usar la voz como tal (de manera controlada) para comunicarse, como los sordos oralistas o los oyentes, así en general. Algunos sordos signantes también usan la voz para expresarse, al margen de que decidan signar la mayor parte de su tiempo. Intentaré dar mi punto de vista acerca de todo ello.

Ya os he comentado en alguna entrada que el hecho de no oír o oír mal puede implicar a la larga dejar de hablar, ya que no recibes estímulos auditivos o éstos no son de calidad, por decirlo de alguna manera. Pero concretamente quiero centrarme en por que alguna personas tienen una voz «apagada», «opaca», «rara», en definitiva, que llama la atención. Diferente.

Os voy a explicar una anécdota. Hace ya muchos años, cuando estudiaba un ciclo superior de Integración social, con un grupo de clase, hicimos un trabajo que trataba sobre la ceguera. Como parte del trabajo, conocimos a una persona ciega que, soprendentemente, adivinó que yo era sorda por mi forma de hablar, por matices en mi voz, por falta de fluctuaciones frecuenciales. Curioso, ¡¿verdad?! Aunque es cierto que muchos creen que no tengo problemas de audición si no lo digo -porque tengo muy buena dicción-, no deja de ser asombroso que una persona cuya visión le falta, desarrolle la audición hasta este punto y tenga esta capacidad de discriminación auditiva. Aún a día de hoy me pasma, la verdad, y me hace ver la influencia que tiene el oír de una determinada manera en la generación de la propia voz.

Conozco muchas personas sordas, de diferentes grados, y todas ellas tienen su propia forma de hablar y matices en sus voces, quiero decir que existe tanta diversidad fonética como grados y tipos de pérdida. Si bien entre los oyentes la variedad en las voces es infinita, éstas suelen ser afinadas, no «molestan» al hablar, digamos, suenan bien. Con los sordos -a juzgar por las caras que ponen muchas personas oyentes al oírlos y más acusadamente cuanto más signantes sean-, no es así (por lo que digo, que a veces «suenan mal»), sino que parece que desafinan con la voz, que tienen gallos, que no se controla la voz. La realidad es que las cuerdas vocales no están tan entrenadas y ello, sumado a la falta de práctica, hace que las emisiones de voz sean más incontroladas. A cualquiera que perdiese a nivel severo/profundo la audicón, le podría pasar, es algo inevitable que tu voz pueda cambiar.

Imaginaros por un momento que estáis una semana sin oír NADA. Cuesta, pero tratad de hacerlo si queréis figuraros un poco como tiene que ser. Bien, ¿creéis que en un mundo de más o menos silencio, pero silencio al fin y al cabo, hablaríais como lo hacéis ahora? ¿Creéis que seguiríais hablando sabiendo que os costaría comprender la respuesta (oral) del otro, o por el contrario, empezaríais a usar las manos o la lengua de signos espontáneamente? Una vez hecho el mini ejercicio de imaginación, pensad ahora como podría ser vuestra voz si nunca hubiérais escuchado bien (con, sin audífonos; con, sin implante… recordad que el hecho que estén bien ajustados es crucial en esa calidad de los sonidos). ¿Creéis que tendríais el mismo tipo de voz si no podéis escucharla vosotros mismos? De hecho, cuando me quito los audífonos y no oigo nada, no sé si grito, si hablo bajo… no sé nada, no me oigo. Pero mi voz ya está entrenada de tantos ejercicios con las logopedas y demás…

No sé si ese ejercicio os puede ayudar, pero sinceramente, creo que facilita comprender que «cuanto más y mejor recibes, más y mejor puedes dar». Con este símil aprovecho para decir también que puestos en este contexto, la voz o el habla no es el medio natural de comunicarse para una persona que es sorda, menos si lo es de nacimiento, pues de forma instintiva las manos hacen las veces de los oídos. Y está bien, no hay que reprocharlo. La lengua de signos es muy rica y aporta cosas que la lengua oral es incapaz. Y viceversa. Son diferentes. Existe porque es una necesidad, un derecho, algo inevitable. Lo ideal es cuando se complementan en mayor o menor medida, sobretodo para las personas hipoacúsicas, que nos encontramos en medio de los dos mundos.

Respetemos y normalicemos a las personas con problemas de audición, aceptemos sus voces diferentes, sus tonalidades, sus gamas de colores. Creo que no es importante la forma ni el medio en que se expresan, en si suena bonita la voz o no, sino el que lo hagan, que lo hacen, lo hacemos, porque nos comunicamos y por ello, tenemos voz. Una voz rica en matices orales, escritos, visuales, como sea. Y podemos no querer usar la voz oral como tal, eso es libertad, es capacidad. Lo importante es comunicar y transmitir mensajes y para ello la voz es solo un medio más, no el único.

¡Gracias!