Las reacciones de la gente al decir que se bajen la mascarilla

susurros

¡Hola a tod@s!

Esta entrada va, como bien indica el título, sobre las reacciones de la gente cuando me hablan con la mascarilla puesta y yo me quedo intentando entender que dicen -sin éxito la mayoría de veces-, y finalmente necesito decir que necesito leer los labios. Bien, a partir de este momento, hay varias reacciones que me he encontrado. Algunas vienen juntas, otras por separado, según la comprensión o la perspicacia (o falta de ella) de la gente. Las voy a enumerar:

  1. Siguen hablando > tengo que explicar mejor que no oigo bien, que no sigan y que necesito leer los labios.
  2. Negación de la posibilidad de bajarse la mascarilla, por temor o por verlo fuera de lugar (entiendo que dicen que «no», la mayoría de veces soy capaz de entenderlo «oyéndolo») > tengo que decir que en tal caso será complicado que le entienda, debido a mi sordera. La última opción sería coger un papel y lápiz o bien transcripción de voz por móvil, por ejemplo. A veces terminan bajándosela, no siempre. Cuando no, me voy y ya está.
  3. Hablan más despacio o más fuerte (o eso me parece, ya que no puedo decirlo con seguridad al llevar ellos la mascarilla, aunque intuyo esto) > negando con la cabeza con resignación, tengo que repetir nuevamente que necesito leer los labios, que no me voy a enterar, que llevo audífonos.
  4. Se bajan la mascarilla enseguida (¡wow!) e incluso me comentan o preguntan lo difícil que tiene que ser para mí sobrellevar esta situación constantemente > les explico que sí, que en nuestro caso es complicado y que personas como éstas nos facilitan la vida, que gracias por la comprensión.
  5. No entienden lo que les digo y empiezan con gestos pero sigo sin entender lo que me quieren decir la mayoría de las veces, otras entre lo que oigo y lo que intuyo, puedo llegar a «captar el mensaje» > pregunto en función de lo que me ha parecido entender y así vamos haciendo… (por lo menos intentan hacerse entender… ^^), hay que valorarlo positivamente. Si supieran algo de lengua de signos, ya sería increíble…

Estas son las principales reacciones que me estoy encontrando. Bueno, y por supuesto personas que se olvidan, y del mismo modo que se la bajan automáticamente para hablar conmigo, otras veces se les olvida y tengo que recordarlo con un gesto.

Y por último, está aquella persona que dispone de una mascarilla transparente y cuando sabe que hablará conmigo, se la pone, sino, no. Un detalle. Aunque tengo que decir que en la inmensa mayoría de las veces, la opción más cómoda y práctica es bajarse la mascarilla. Y ello implica, como ya he comentado en otras entradas, guardar la distancia de seguridad, que no suele haber problema en la mayoría de los casos. Esto sería un… 85% de las veces o más, pero siempre hay este pequeño porcentaje que se resiste y hay que respetarlo aunque no sea justo para nosotr@s como colectivo con necesidades especiales en este caso.

Os cuento la última anécdota: Yendo al médico, cuando quise asegurarme de la puerta a la que tenía que acudir (a veces hay cambios y si me llaman de otra puerta sería imposible que me enterase…), en una de las mesas/mostradores de información/consultas, me pidieron el DNI (tras preguntar varias veces lo entiendo, también porque lo recuerdo de antes de la pandemia, que lo suelen pedir para saber los datos de la persona) y todo bien. Pero después de la visita, tuve que volver para coger cita para otro día, de nuevo me pidió el DNI y más cosas y ya no entendía lo que decía. A mi lado había un señor sentado, en otra mesa haciendo otra consulta. En todas las mesas hay una pantalla transparente separadora. Le comenté al que atendía en el mostrador que necesitaba leer los labios, y me repitió lo mismo (supongo). Le volví a decir que no le entendía, que necesitaba leerle los labios, esta vez señalándome la boca, y que tenía que bajarse la mascarilla. Me dijo que no se la iba a quitar (lo entendí). Me quedé algo perpleja y le dije que era la primera vez en un centro médico que me decían que no, y que bueno, pues que me lo escribiera. Tras esto, lo que hizo fue apartarse de su puesto de trabajo y situarse a mi lado, como si fuera un problema de distancia, con la mascarilla puesta. Negué con la cabeza, y le expliqué y señalé mis audífonos, diciéndole que no oigo bien y que necesito leer los labios, sino no le entiendo. Solo entonces entendió mi situación y dijo «Aaahh..», y ya se volvió a poner tras la pantalla, se bajó la mascarilla y pudimos comunicarnos con fluidez. El señor que estaba sentado a mi lado se puso a reír, y yo con él. La verdad es que al final fue gracioso porque a mi me extrañaba que no se la bajara, y ya sé que algunas personas no entienden lo que está pasando. Pero tratándose de personal sanitario, creo que a estas alturas ya deberían estar concienciados… y desde aquí lo reinvindico.

¿A quién más le ha pasado algo así y que al final haya tenido que tomárselo con humor? ¡Seguro que a muchos!

Por cierto, por si os habéis preguntado qué tiene que ver la imagen de la entrada, me pareció divertida simplemente. Para mí, guarda cierto paralelismo con la sorpresa que expresa una de ellas (me sorprenden algunas reacciones) y la otra le cuenta algo al oído que parece no poder ser escuchado en voz alta. En ambos casos, si bien la comunicación fluye, en nosotros, así, sería imposible. Si tienes la boca tapada, «nanai de la China». Y si me lo cuentas al oído, más de lo mismo…

¡Ánimo, el fin cada vez está más cerca…!

Un abrazo.

Teatro accesible Mi primera vez

¡Hola a todos!

El otro día fui por primera vez a un teatro accesible. Mejor dicho, pude ir a un teatro y disfrutar de la obra. Estaba «sobretitulada». Esta palabra, no la conocía y la «descubrí» hace relativamente poco, porque siempre decimos «sub-titulado» aunque sea por inercia, no «sobre-titulado». Tiene su lógica, lo que dicen está encima del escenario y no debajo de la pantalla como estamos acostumbrados. No estuvo mal, aunque al principio pensaba que iba a ser un desastre. Os cuento:

Al hacer la reserva, ya indiqué que algunas de las personas que íbamos, éramos sordas, más que nada por si era conveniente reservarnos algún lugar preferente para poder leer mejor lo que decían. Nos recomendaron unos asientos y los reservamos. Si por lo que fuera no nos fueran bien, podíamos cambiarnos avisando al acomodador, así que estaba tranquila en este sentido.

Bien, también nos avisaron de que teníamos como recurso bucles magnéticos o sistemas de frecuencia modulada para poder oír mejor la obra. Debido a que mi audífono dispone de «T» para poder activar el bucle magnético, pensé que sería una experiencia interesante. Otras personas que me acompañaban también probaron el sistema de frecuencia modulada. Nos dispusimos a ir a platea, donde teníamos nuestros asientos. Comenzó la obra.

Antes de empezar, yo ya había regulado el volumen del bucle magnético -nos avisaron de que los altibajos de las voces de los actores y actrices podrían molestar, por lo que lo tuviéramos en cuenta si teníamos que modular rápidamente-, y por un momento pensé que no lo tenía activado (el bucle) porque no notaba nada diferente. También quiero matizar que este tipo de bucle en concreto nunca lo había probado, era como un colgante, y hasta el momento, los que había probado estaban integrados en la estructura del aula o del lugar, de modo que yo no me tenía que poner nada encima.

Con el bucle magnético, se supone que las voces (hay una sincronización con los micrófonos de los actores) se oyen directamente en los audífonos (al activar la «T»), por lo que el sonido exterior se atenúa y la experiencia acústica facilita la comprensión. Pues no notaba nada. Pregunté a mis amigos que venían conmigo si a ellos les iba bien la frecuencia modulada (también era un colgante, de siempre lo ha sido), y parecía que estaban contentos. Vaya, quizá es el bucle, o a saber, pensé. Retoqué el volumen pero nada. Así que al final decidí pedir cambiarlo por el sistema de frecuencia modulada, quizá me iba mejor…

Con la frecuencia modulada, te dan unos auriculares que igualmente hacen que las voces de los actores vayan directamente, por lo que, debería oírse más nítido y cercano, es decir, más esclarecedor. Eso teniendo en cuenta que si te lo pones encima de los audífonos, te puede apretar y ser poco cómodo, o que según donde estén los micrófonos en los audífonos te vaya mejor o peor, aunque no debería suponer demasiado problema. Pues tampoco me iba bien.

Mi pareja, que estaba sentada a mi lado, era capaz de oír lo que salía de los auriculares de lo fuerte que estaba (¡al máximo!), pero yo no podía notar prácticamente diferencia entre como oía «de normal» que con los auriculares. También tengo que decir que, al llevar audífonos nuevos, me resulta todo nuevo. La cuestión es que al final, preferí estar sin nada, solo con mis audífonos, que lo escuchaba todo mejor, a fin de cuentas.

Una vez decidido que no me pondría ninguna «ayuda técnica», tocaba fijarme bien y concentrarme en la obra, porque ya llevaba unos minutos que no me estaba enterando de nada con el rollo del bucle y de la frecuencia modulada. Las letras sobretituladas, no las veía bien. Tenía que achicar mucho los ojos, porque estaban algo lejos, poco iluminadas… tenues, y me tenía que esforzar mucho para leer rápido y todo, lo que me estaba resultando complicado y me perdía muchos trozos, perdiendo así interés en la obra por no terminar haciendo la conexión entre lo que leía, quien lo decía y el propio espectáculo. Ante la frustración, pensé que tal vez si me cambiaba de sitio, más cerca del escenario, podría seguirlo mejor, y menos mal que lo hice (¡y suerte que los asientos estaban libres…!). Finalmente mi experiencia fue mucho mejor, incluso al estar más cerca de los actores, del escenario, pude vivenciar mejor las situaciones del espectáculo, entenderlas y comprenderlas bien. Al fin me pude meter en la obra y en los personajes.

Y así fue como mi primera vez en el teatro accesible mereció la pena gracias a la sobretitulación. Además la obra trataba sobre temas muy interesantes y con giros muy originales que hicieron que la disfrutara de verdad, como cualquier otro espectador. Y es que de eso se trata, de que todos podamos tener la oportunidad de acceder a la cultura, al arte y podamos divertirnos sin las preocupaciones derivadas de las barreras de comunicación que tan presentes tenemos siempre en nuestras vidas. Que todos podamos sentarnos y disfrutar, que haya un asiento para todos.

¡Viva la accesibilidad y la cultura, que nos hace libres! No dejemos de reclamar y disfrutar nuestros derechos.

¿Y vosotros, habéis tenido la oportunidad de ir a un teatro accesible?

 

La buena voluntad al bajarse la mascarilla por nosotr@s

¡Hola a tod@s!

¿Cómo estáis, cómo lleváis esta «nueva normalidad» en que se supone que podemos hacer vida más o menos normal pero bajo la amenaza constante de un nuevo confinamiento? ¿Y el tema de las mascarillas, cómo va? Nosotr@s, las personas sordas oralistas lo llevamos «regulín».

Esta entrada es de agradecimiento a todas aquellas personas que me voy encontrando y que tras decirles que no oigo bien y que leo los labios, lo entienden a la primera y se disponen a bajársela para hablarme. Lo cierto es que son la mayoría, pero siempre hay algunas personas que se quedan en «shock», sin saber qué hacer y con éstas, resulta más difícil la comunicación. Incluso un chófer de un autobús se me puso a reír al decirle que tenía que leerle los labios…, quiero decir que muchos ni saben ni comprenden para qué esa lectura labial (debía pensar que le tomaba el pelo… está claro. Al final lo entendió y se bajó la mascarilla al hablarme). En más de una ocasión he decidido irme del lugar por no ser posible este entendimiento, con el sabor amargo de que tengan que estar siempre haciéndote este «favor». Si esta situación en relación a la discapacidad auditiva se contemplara desde la ley, sería diferente, pues estaríamos amparados.

Junto con otras personas sordas oralistas, hemos enviado escritos a organismos gubernamentales o medios de comunicación para explicarles y/o difundir nuestra problemática, ya que la ley no contempla a las personas sordas como tal en las excepciones en el uso de la mascarilla ni dice nada sobre los materiales para poder confeccionar mascarillas transparentes homologadas, que son las que necesitamos para una comunicación lo más óptima posible. Algunos hemos obtenido respuesta, otros no. El hecho de que sean homologadas es importante, por ejemplo, para ir al hospital. En un hospital no puedes entrar con una mascarilla de tela, por ejemplo, pero en nuestro caso, con una mascarilla accesible casera, tampoco, y ahí surge de nuevo el conflicto por enésima vez. Lo digo por propia experiencia, que en verdad, me dejó atónita. Santa paciencia. Os cuento: la persona con la que iba, llevaba mascarilla accesible casera, y de no haber ido yo acompañada por ella, no sé cómo habría resuelto la situación entre que tienes que comunicar tu cita, tienen que decirte adónde dirigirte, que te llaman por megafonía, que te vuelven a atender después con la mascarilla puesta… Pero esto no es lo que me dejó atónita, sino que a mi acompañante le hicieron ponerse una mascarilla quirúrgica ENCIMA de la accesible. Que para hablar conmigo se bajara la quirúrgica y así los labios quedaban visibles con el plástico de la otra. Aún con lo absurdo que es, tuvimos que hacerlo así, pero la quirúrgica se rompió por las gomas, ya que estaba puesta encima de la otra y claro… Imaginaros. Entiendo que en un entorno hospitalario las instrucciones sean más estrictas, de ahí la reivindicación de las que son accesibles para poder fomentar nuestra autonomía y no estar siempre supeditadas a una tercera persona, que a su vez, nos tiene que hacer el «favor» de acompañarnos. Esto o ir con el papel y boli a todos lados…

Como os decía, algunas personas (incluyo profesionales sanitarios) tienen la buena voluntad de bajársela para permitir la lectura labial (ojo, siempre respetando la distancia de seguridad), pero resulta estresante no saber si van a querer o no, y es un estrés constante. La alternativa del papel y boli, en mi opinión, no es la más idónea para mantener una conversación medianamente larga, por lo que no sería la mejor opción. Para casos puntuales, podría servir, pero no lo veo como alternativa real o factible en todas las situaciones. Y así estamos, por eso os pregunto cómo lo lleváis. De igual modo, ¿si os piden o pidiesen que os bajéis la mascarilla para poder entenderos, sería un problema o incomodidad? Os invito a que me escribáis en los comentarios.

Sin más, sigamos conscienciando sobre la necesidad de comprensión en esta problemática, sigamos reivindicando nuestros derechos, sigamos avanzando en una sociedad más empática y gracias por vuestro apoyo y buena disposición, voluntad…, nos hace la vida mucho más fácil.

P. D.: La mascarilla accesible de la imagen es casera, la ha confeccionado mi madre tras varias pruebas fallidas. Con ella, personas sordas pueden leerme los labios si lo necesitan. Y ver mi sonrisa.