Teatro accesible Mi primera vez

¡Hola a todos!

El otro día fui por primera vez a un teatro accesible. Mejor dicho, pude ir a un teatro y disfrutar de la obra. Estaba «sobretitulada». Esta palabra, no la conocía y la «descubrí» hace relativamente poco, porque siempre decimos «sub-titulado» aunque sea por inercia, no «sobre-titulado». Tiene su lógica, lo que dicen está encima del escenario y no debajo de la pantalla como estamos acostumbrados. No estuvo mal, aunque al principio pensaba que iba a ser un desastre. Os cuento:

Al hacer la reserva, ya indiqué que algunas de las personas que íbamos, éramos sordas, más que nada por si era conveniente reservarnos algún lugar preferente para poder leer mejor lo que decían. Nos recomendaron unos asientos y los reservamos. Si por lo que fuera no nos fueran bien, podíamos cambiarnos avisando al acomodador, así que estaba tranquila en este sentido.

Bien, también nos avisaron de que teníamos como recurso bucles magnéticos o sistemas de frecuencia modulada para poder oír mejor la obra. Debido a que mi audífono dispone de «T» para poder activar el bucle magnético, pensé que sería una experiencia interesante. Otras personas que me acompañaban también probaron el sistema de frecuencia modulada. Nos dispusimos a ir a platea, donde teníamos nuestros asientos. Comenzó la obra.

Antes de empezar, yo ya había regulado el volumen del bucle magnético -nos avisaron de que los altibajos de las voces de los actores y actrices podrían molestar, por lo que lo tuviéramos en cuenta si teníamos que modular rápidamente-, y por un momento pensé que no lo tenía activado (el bucle) porque no notaba nada diferente. También quiero matizar que este tipo de bucle en concreto nunca lo había probado, era como un colgante, y hasta el momento, los que había probado estaban integrados en la estructura del aula o del lugar, de modo que yo no me tenía que poner nada encima.

Con el bucle magnético, se supone que las voces (hay una sincronización con los micrófonos de los actores) se oyen directamente en los audífonos (al activar la «T»), por lo que el sonido exterior se atenúa y la experiencia acústica facilita la comprensión. Pues no notaba nada. Pregunté a mis amigos que venían conmigo si a ellos les iba bien la frecuencia modulada (también era un colgante, de siempre lo ha sido), y parecía que estaban contentos. Vaya, quizá es el bucle, o a saber, pensé. Retoqué el volumen pero nada. Así que al final decidí pedir cambiarlo por el sistema de frecuencia modulada, quizá me iba mejor…

Con la frecuencia modulada, te dan unos auriculares que igualmente hacen que las voces de los actores vayan directamente, por lo que, debería oírse más nítido y cercano, es decir, más esclarecedor. Eso teniendo en cuenta que si te lo pones encima de los audífonos, te puede apretar y ser poco cómodo, o que según donde estén los micrófonos en los audífonos te vaya mejor o peor, aunque no debería suponer demasiado problema. Pues tampoco me iba bien.

Mi pareja, que estaba sentada a mi lado, era capaz de oír lo que salía de los auriculares de lo fuerte que estaba (¡al máximo!), pero yo no podía notar prácticamente diferencia entre como oía «de normal» que con los auriculares. También tengo que decir que, al llevar audífonos nuevos, me resulta todo nuevo. La cuestión es que al final, preferí estar sin nada, solo con mis audífonos, que lo escuchaba todo mejor, a fin de cuentas.

Una vez decidido que no me pondría ninguna «ayuda técnica», tocaba fijarme bien y concentrarme en la obra, porque ya llevaba unos minutos que no me estaba enterando de nada con el rollo del bucle y de la frecuencia modulada. Las letras sobretituladas, no las veía bien. Tenía que achicar mucho los ojos, porque estaban algo lejos, poco iluminadas… tenues, y me tenía que esforzar mucho para leer rápido y todo, lo que me estaba resultando complicado y me perdía muchos trozos, perdiendo así interés en la obra por no terminar haciendo la conexión entre lo que leía, quien lo decía y el propio espectáculo. Ante la frustración, pensé que tal vez si me cambiaba de sitio, más cerca del escenario, podría seguirlo mejor, y menos mal que lo hice (¡y suerte que los asientos estaban libres…!). Finalmente mi experiencia fue mucho mejor, incluso al estar más cerca de los actores, del escenario, pude vivenciar mejor las situaciones del espectáculo, entenderlas y comprenderlas bien. Al fin me pude meter en la obra y en los personajes.

Y así fue como mi primera vez en el teatro accesible mereció la pena gracias a la sobretitulación. Además la obra trataba sobre temas muy interesantes y con giros muy originales que hicieron que la disfrutara de verdad, como cualquier otro espectador. Y es que de eso se trata, de que todos podamos tener la oportunidad de acceder a la cultura, al arte y podamos divertirnos sin las preocupaciones derivadas de las barreras de comunicación que tan presentes tenemos siempre en nuestras vidas. Que todos podamos sentarnos y disfrutar, que haya un asiento para todos.

¡Viva la accesibilidad y la cultura, que nos hace libres! No dejemos de reclamar y disfrutar nuestros derechos.

¿Y vosotros, habéis tenido la oportunidad de ir a un teatro accesible?

 

2 respuestas a «Teatro accesible Mi primera vez»

    1. Sí.. cada vez más está presente la palabra «accesible», pero hace falta no dejar de reclamarlo y demostrar que, cuando es accesible un lugar o un servicio, la diversidad funcional asoma. Estamos ahí, esperando 🙂

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