Las audiometrías

¡Hola a todos!

Voy a contar como recuerdo las audiometrías que me hacían cuando era pequeña. Pero primero explico brevemente que es una audiometría tonal, para quien no lo sepa. Es una prueba para evaluar las capacidades auditivas y con ello se determina el umbral auditivo, es decir, la intensidad mínima a partir de la cual podemos percibir un sonido.

Hay dos tipos de audiometrías: la aérea y la ósea. La aérea consiste en poner tonos (en diferentes frecuencias e intensidades -decibelios-) en un oído, tapando el otro y viceversa, evaluando así ambos oídos por separado. Para ello se usan unos auriculares. En cambio, para la audiometría ósea, se usa una especie de vibrador que se coloca en el hueso mastoides (debajo de la oreja) y se repite el procedimiento. Recuerdo que el vibrador me apretaba tanto que me dolía un poco y la sensación era un tanto incómoda, quería terminar rápido con la ósea.

De pequeña me hacían unas audiometrías infantiles lúdicas, una de ellas se llama «Peep-show». Era la que más me gustaba porque era muy divertida para mí. Era una caja grande de color verde con un paisaje dentro, que se podía ver a través de una ventanita y que se iluminaba cada vez que apretaba la palanca tras escuchar algún sonido a través de los auriculares. Además, había un trenecito que se ponía en movimiento, que era lo que me llamaba más la atención aparte de ir observando su recorrido. Cuando eres pequeña, estas cosas te motivan y hacen que la exploración (un tanto aburrida) sea más amena y prestes más atención.

Pero me hacían más audiometrías. Había otra que era con títeres. Algunas eran en campo libre, es decir, con los audífonos puestos. Tras oír el sonido, apretaba un botón y los títeres se iluminaban por unas ventanitas, como una especie de función teatral silenciosa.

Otra que recuerdo era tirando piezas de formas y colores dentro del cubo correspondiente o haciendo encajar la pieza en el agujero que correspondía.

Llega un punto que este tipo de pruebas las normalizas, de hecho, era como ir a jugar, a hablar con la audioprotesista, que además aprovechaba para revisar los audífonos, limpiarlos, comprobar que funcionen bien, hacer una timpanometría y otoscopia (explorar el oído por dentro) y demás.

Con un poco de suerte, en estas visitas coincidía con alguna logopeda y «molaba más».

Ya de más mayor, las audiometrías no son así, sino que son simplemente apretar un botón al oír el sonido (cada sonido y en cada oído), con y sin audífonos y poco más. Comprobar que no se haya perdido audición y haya que reajustar los audífonos. Además, ¡era divertido ver como se programaban y todo el rollo!

También están las audiometrías verbales. Lo que tienes que hacer es tratar de adivinar o entender qué palabra oyes y repetirla. Trabaja la inteligibilidad con y sin audífonos, con auriculares o en campo libre. He hecho pocas, pero suficientes para saber que no me gustan, porque no entiendo tantas palabras como me gustaría y me desaniman un poco.

Pues estas son las diferentes audiometrías que he hecho. El haber estudiado Audiología protésica me ha hecho comprender mejor las pruebas e interpretarlas, además de acercarme a esta profesión en la que puedes darte cuenta, una vez más, de cuan complejo es el sentido del oído.

¡Saludos a todos y en especial a mi audioprotesista, ella sabe quién es, te mando un abrazo!

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4 respuesta a “Las audiometrías”

  1. Desde luego es lo más importante, caer en manos de un buen audioprotesista que te sepa entender y que con muuuucha paciencia adapte de la mejor manera los audifonos. Bravo por ellos!

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