Flores de lavanda en el camino

Brisas tempraneras, frías hielan el alma,
corazones cálidos siguen de parranda
¿por qué quiénes eran desconocidos
ahondan cual flores frescas de lavanda?

Senderos seguros llevan que además temperan
piedras desmenuzadas ya no duelen nada,
si supieran entonces aquellos caminantes
como siguió la vida teniendo en cuenta el ‘antes‘.

Ganando más valor, más coraje y enseñanza
añoranza de deseos antes mirando al cielo,
ahora no más recelo, se envuelven en la fragancia:
las pieles empiezan la ansiada mudanza.

El universo se alinea, ilumina grandes caminos
espera reencuentros, cual maestro su aprendiz
deseos que animan verdaderamente a seguir.

Y si los desconocidos caminan, siguen sin dudar,
nada torna sus vistas, nada les hace vacilar,
confiando en la lavanda y su embriagar
será entonces que brinde por ellos
y su merecida felicidad.

El pájaro soñador Un poema sobre la esperanza

Entrando y saliendo de aquel lugar
en que todos y todas te miraban
tu parecías del todo ausente,
pensando ¿ésta es mi vida?

Consigues alejarte lo más posible
pero te estaba acompañando…
A veces todo es mentira,
a veces estás soñando.

Y es que la verdadera compañía
es aquella que no vas buscando.
Te encuentra enseguida,
eres un pájaro volando.

Por eso hallando el vuelo
sientes la brisa que te acaricia el alma,
sin tropezar, esta es tu vida
esta es la que estás perdonando.

A veces no todo es mentira,
a veces solo hay que seguir soñando.

.

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.

.

.

Porque a veces, estando con gente, te cuesta entender. A veces, decides dejar de intentarlo. De repente, alguien se da cuenta y te pone al corriente. Es entonces cuando hallas el vuelo.

A veces, parece que sí lo entiendes, pero la realidad es que no. La costumbre hace que parezca que sí, la realidad es que no.

Por eso, parece que sea mentira que estés allí, pero luego, con suerte, ya no lo es. Y vuelves a vivir, te vuelves a perdonar.

A veces, soñar te salva, a menudo hay que seguir haciéndolo…