Nuevo equipo: ell@s, mágic@s

Equipo

Esta entrada va por la gente tan bonita que estoy conociendo. A este equipo nuevo que hemos formado con ganas de entablar amistad de la buena y confidencias, confidencias de cosas que a otros no les contarías porque no cualquiera te entiende como ellos. De las varias definiciones de equipo que se pueden encontrar por la red y que pueden ayudar a definir lo que siento por haberlos conocido, me quedo con la que hace hincapié en que un equipo es aquel formado por varias personas con una meta a seguir, un objetivo en común. Es realmente mágico.

Tener un mal día porque estás harta de leer los labios a todas horas cuando encima ello no supone necesariamente entender. Tener que repetir a la misma gente que te vocalicen; que no, que no hablas por teléfono; que por favor, vocalicen; que no hablen todos a la vez que no oyes bien y encima tratas de leer unos labios que apenas se mueven pero que a la vez se mueven muy rápido; que por favor hablen más despacio; que vocalicen; ¡que vocalicen!… Solo me falta decir que me respeten de una vez, ya que por sí mismos no son capaces de ponerse en mi lugar. De verdad, llega un punto que te sientes como humillada como persona. Y… ellos, mi «team», me entienden perfectamente, también les pasa. Clavadito. No sentirte la única que vives eso supone cierto alivio, y en este caso no estaría de acuerdo en el dicho: «Mal de muchos, consuelo de tontos», porque este consuelo de «tontos», precisamente nos insufla fortaleza para seguir y hacerlo con la cabeza bien alta. Porque no tenemos que agachar la cabeza cuando nos sintamos así. Fácil decirlo, pero con un equipo así, más fácil de conseguir.

Hace unas semanas recibí un correo electrónico que me impactó. De una mujer -una doctora- que me escribió desde el otro lado del océano y que tiene sordera como yo. La impotencia al leerla fue la misma que debió sentir ella al escribir sus líneas. Es la impotencia de tener que esforzarnos el triple para llegar donde queremos, donde merecemos. Me dijo que no sabía ni porqué me escribía. Desahogo, sin más. Me doy cuenta de que posiblemente sea la voz de muchos, que mis (nuestros) sentimientos son mucho más comunes de lo que creía, son compartidos, afloran desde lo más hondo, donde más nos duele.

Por eso, al hallar personas como yo, sordos oralistas, agradezco este cambio de aires, pienso que tal vez «todo pasa por algo», como si de todo ello y obligatoriamente, deba surgir un aprendizaje nuevo que todavía está en ciernes. Que las vicisitudes de la vida te ponen constantemente a prueba, es cierto; pero, paradójicamente, esta vida tan caprichosa, también trae personitas maravillosas capaces de hacer que aquello -al parecer- imposible de resolver, pierda importancia. Porque con ellos, con la unidad, nos crecemos por dentro y nos hacemos más fuertes. Esto es un buen equipo, el que juega siempre a ganar. Ganar las pequeñas y grandes luchas internas -y externas, de algún modo, también; y sino, tiempo al tiempo- que tenemos con nosotros mismos cuando algo no nos encaja como quisiéramos.

Se trata de que las incongruencias y sinsentidos (incluso la mala educación, sinceramente) de algunas personas que te vocalizan solo cuando les da la gana, o que se ponen a hablarte con las manos de repente (WTF?) -no en lengua de signos, ojo, sino haciendo «gestos» sin más-, pierdan importancia, pasen a un segundo plano, ese plano donde tienen que estar las cosas que realmente no merecen la pena. Como estas personas, y así lo digo. Con el tiempo vas viendo y analizando formas de comportarse contigo y sacas conclusiones: no llegan a más, sintiéndolo mucho. Incluso las compadeces por su ignorancia.

Estas personas a veces (cada vez menos) parecen manejar mi estado de ánimo a voluntad, y no debo (debemos) permitirlo, mucho menos desanimarme (desanimarnos) en lo que queda de día. Aunque a veces casi lo consigan y otras lo hayan conseguido, debemos sacar fuerzas de flaqueza. Siempre. Por eso, insisto, tener con quien desahogarse, es mágico, la fortaleza llega sola.

Esta es nuestra lucha, y el objetivo en común, lograr la empatía de la que alardean muchos pero que a la hora de la verdad, pocos demuestran. La sordera es una discapacidad invisible, sí, pero nosotros no lo somos ni lo queremos ser. Esta empatía tan necesaria hoy en día, arroja luz a la oscuridad, permite que todos nos sintamos integrados, a gusto con nosotros mismos y con los demás.

Mientras tanto, quiero disfrutar lo más que pueda del camino, de mi equipo, cuidarlo como me cuidan a mí y sobretodo, seguir haciendo piña. De verdad, SOIS MÁGICOS. Vosotros sabéis quienes sois. Unos soñadores que, como yo, hacéis que la vida sea mucho más bonita, accesible y plena. Llena de ideas, de inconformismos, de ideales, de lucha. Que lo importante no se quede en lo superficial ni la hipocresía se torne normalidad, por favor. Hay que seguir reivindicando, cogiendo fuerzas, todavía nos queda un buen trecho. Con un buen equipo es posible cambiar el mundo. Y para eso estamos. Gracias.

¡Un abrazo de los grandes, queridos!