Entrevista a Irene Navajas Activista, universitaria, instagramer y luchadora entre otras cosas...

¡Hola!

Os presento a Irene Navajas, una estudiante activista universitaria sorda que ha tenido que enfrentarse a una de las pesadillas que nos ha traído la pandemia… las mascarillas. ¡Conozcamos su lucha y su historia!

Irene Navajas

Hola Irene, en tus redes sociales te centras en las personas con diversidad funcional, ¿qué te ha empujado a hacerlo?

¡Hola! Principalmente que nadie lo estaba haciendo de esta forma. Yo me encontraba contenido en internet de todo tipo, menos que reflejara la situación que vivimos las personas con diversidad funcional. Esto me pareció un problema porque me di cuenta de que apenas tenía referentes con diversidad funcional, que no encontraba a otras personas hablando de esto, ¡ni siquiera memes relacionados con nosotras!… Parece una tontería, pero esta representación es muy importante, te hace sentir acogida y comprendida por otras personas. Es fundamental para evitar sentirte sola.

Algunos medios de comunicación se han hecho eco de tu situación en relación a la discapacidad y a la falta de accesibilidad en la universidad. El departamento de atención a alumnos con discapacidad de tu universidad (Universitat Pompeu Fabra, UPF Inclusió), ¿qué ha hecho para ayudarte/atenderte tras conocer tus circunstancias y necesidades especiales al estallar la pandemia? ¿Crees que existe coordinación y comunicación entre docentes y el departamento junto con los alumnos en cuestión a la hora de adaptar las clases?

La verdad es que hemos tenido algunos problemas a raíz de la situación de la pandemia. No creo que hagan las cosas con mala fe, pero sí que es cierto que espero de su parte más empatía y menor tiempo de reacción. Los plazos para que algo de lo que tu propones lleguen a ser efectivos, si es que al final lo son, llegan siempre muy tarde o con “peros” y contras. Creo que además el hecho de que mi diversidad funcional sea una de las más invisibilizadas es un añadido a este problema.

Han llegado poco a poco soluciones como por ejemplo la subtitulación directa, pero han llegado tarde o de forma insuficiente para suplir el hecho de que las clases no son accesibles.

Creo que hay coordinación y comunicación, pero creo que no es de buena calidad. Los profesores no llegan a entender las barreras que ellos mismos nos ponen inconscientemente y la universidad no se da cuenta de que es su labor asegurarse de que las herramientas que les dan sirven para el largo plazo, no sólo para la semana de después de habérselo comentado. No sirve una guía de buenas prácticas si los profesores no la reciben, o si la universidad no les obliga a cumplirlas.

 

En tu propia web www.irenenavajas.com, has editado y publicado una guía de accesibilidades para las personas con diversidad funcional en general y para aplicación en el ámbito educativo y también un catálogo que incluye adaptaciones para el acceso a la información, para el entorno físico y demás. Parece que cuesta llevarla a cabo a la hora de la verdad, sea por un tema presupuestario o por falta de empatía y de voluntad. Esta guía podría servir también para entornos laborales para facilitar la inclusión y el desempeño del trabajo, haciendo uso así de las adaptaciones de los lugares de trabajo y que cuentan con subvenciones a nivel estatal. Muchas gracias por tu aporte.

Me alegra mucho que sientas que es algo a agradecer, significa que entonces merece la pena.

Sí que es cierto que la inversión económica que supone adoptar estas medidas es grande, pero si se trata de respetar los derechos humanos básicos creo que es dinero bien invertido. También cabe remarcar que muchas de estas accesibilidades no requieren un desembolso económico tan grande o incluso es inexistente, y aún así no se aplican. Esto ya nos da una idea de por dónde va la sociedad hoy en día, y no es precisamente por el camino de garantizar la no discriminación de las personas con diversidad funcional.

Para mí sería ideal que también se pudiera implementar en el ámbito privado, de hecho, yo la ofrezco de forma pública y gratuita con la idea de que pueda utilizarla quien quiera. Cuantas más personas decidan sumarse al cambio antes llegaremos a un estado de igualdad de condiciones real de las personas con diversidad funcional.

 

Cuentas en el Diari de Barcelona que este último curso has podido mejorar la calidad de la información gracias a la subtitulación/transcripción manual en las clases online, pero no en todas ni en todas las asignaturas. ¿Cómo has accedido a la información?

Dependo mucho de mis amigos de clase e intento encontrar apuntes de otros años en internet. Es una solución parche, me ayuda a aprobar, pero realmente lo que queremos es sentirnos independientes, que podemos hacer las cosas nosotras mismas, empezando por tomar los apuntes. No me gusta la sensación de que me he sacado muchas asignaturas gracias a otras personas, ellas ya tienen lo suyo, no necesitan que yo además les cargue con lo mío. Es algo de lo que siempre les voy a estar agradecida.

 

En cuanto a las clases presenciales en los últimos meses, ¿los profesores y alumnos/compañeros usaban mascarillas transparentes para poder comunicarse contigo? ¿Cómo ha sido su reacción en este sentido?

Comenzaron las clases presenciales y algunos de mis profesores llevaban estas mascarillas, no todos. Tuve que pedir que mis compañeros también las llevaran, porque de nada servía la de la profesora si teníamos que hacer trabajos en grupo. Las mascarillas de mis compañeras llegaron al final de clases, así que sólo me fueron útiles unas cuantas horas.

En general no hubo ningún problema con mis compañeras, ellas se las pusieron y tampoco hicieron muchas preguntas. Sí que había alguna persona que se la olvidaba en casa, pero por lo general todas la usaban y quizás esto sea un ejemplo de que si hay medios las personas no tienen ningún problema en usarlos y no darle importancia al “para quién las usan”.

 

¿Crees que has recibido un trato diferente al resto de alumnos por el hecho de tener discapacidad auditiva? ¿Puedes explicarlo? ¿En el bachillerato o en el instituto también?

Sí, y cuando digo trato diferente no me refiero a ventajas ni mejor trato, me refiero a que ninguno de mis compañeros ha tenido que pasar por lo que he pasado yo, y lo único que nos diferencia es que ellos no tienen diversidad funcional y yo sí.

Esto, aunque no lo parezca, es una forma de discriminación y violencia capacitista.

Si yo no puedo acceder a la universidad como una más, sin tener que preocuparme de poder seguir las clases como el resto, estoy siendo discriminada.

En el bachillerato e instituto fue muy distinto para mí, no soy sorda de nacimiento y en ese período aún me estaba adaptando a mi nueva condición. No tenía apenas información sobre las posibles accesibilidades y herramientas, las clases eran mucho más pequeñas, la cantidad de recursos complementarios en internet para ese tipo de temario era abundante… En este caso ninguna persona me discriminaba directamente porque nadie sabía mi condición, y tampoco tuve un trato distinto, lo que sí estaba era en inferioridad de condiciones que se hubieran solucionado si las clases fueran accesibles, sin necesidad de presentar un informe de situación.

 

¿Alguna vez te han animado a dejar los estudios para no tener que sortear tantos obstáculos? ¿Qué piensas al respecto y qué consejo darías a otras personas que se puedan encontrar en tu situación?

Claro, en primero de carrera por parte de la universidad me sugirieron cambiar de estudios. A mí esto me afectó mucho porque sentía que tenía una oportunidad haciendo esta carrera y ver cómo se esfumaba simplemente porque yo no oía como el resto es una situación muy frustrante. Mi familia también me sugirió que no pasaba nada si no podía con ella, que podía volver a casa y buscar algo más fácil. Al final cuando te ven sufriendo tan innecesariamente sólo quieren encontrar una alternativa para que vuelvas a estar bien.

Creo que hace falta ser muy cabezota para seguir como yo lo hice, si pudiera dar un consejo sería lo que me hubiera gustado que alguien me dijera a mí, que todo iba a estar bien, que tomara la decisión que tomara, tanto seguir como volver a casa iba a estar bien.  Le diría que no pasa nada por no acabar los estudios en cuatro años y que esto es algo con lo que vas a tener que lidiar toda tu vida, la discriminación no se va a esfumar porque tú lo hagas. Aprende a gestionarlo lo mejor que puedas, busca ayuda si la necesitas y cuando te tiren, tómate todo el tiempo que necesites, pero levántate. Nada va a ser nunca un caminito de flores, pero vas a sacar algo bueno de esta situación también, y al final de una forma u otra merecerá la pena.

 

Fuera del ámbito de los estudios, en tu día a día, ¿tienes dificultades para comunicarte?

No exactamente. Tengo dificultades para oír a las personas y lo que pasa a mi alrededor, pero la comunicación para mí va más allá de eso. Por ejemplo, comunicarse para mí es hacerle llegar a las personas a las que quieres que las valoras, transmitir una idea o un mensaje en las redes o hacer que el resto entienda tu situación. Todo esto va mucho más allá del oralismo, se puede lograr a través del arte, de los mensajes y de mil otras maneras, lo único que se necesita es un receptor abierto a escuchar de otras formas que no sean sólo a través de los oídos.

Sí que veo un problema en cómo las personas se comunican conmigo, la mayoría tienen exclusivamente la herramienta oral y sencillamente no saben tratar con personas con diversidad auditiva. Por suerte, las personas de mi círculo más cercano no suelen tener problema para aprender a utilizar otro tipo de herramientas y eso lo facilita todo mucho.

 

Vivimos en una sociedad en que las personas con algún tipo de diversidad funcional no son tan visibles y están continuamente reivindicando la materialización de los derechos que les corresponden por ley. ¿Cómo sería para ti una sociedad completamente inclusiva a la práctica, en la vida cotidiana?

Mi utopía ideal sería que cualquier espacio fuera accesible, sin necesidad de dar información ni explicaciones de antemano. Que no tengas que hacer ningún “trámite especial” ya sea para acceder a la universidad o incluso que la tecnología cuente con herramientas para hacerla inclusiva.

La sociedad debería estar preparada independientemente de la diversidad funcional que tú tengas. Lo ideal sería que los subtítulos, las adaptaciones para las sillas y las herramientas para las diversidades más invisibilizadas como puede ser la psicosocial formen pate de lo cotidiano.

Una sociedad realmente inclusiva sería aquella que no discrimina por las condiciones de sus individuos, incluyendo la diversidad funcional.

 

¿Cómo ves el futuro cuando termines la universidad?

Siendo sincera, de una forma bastante más negativa de la que me gustaría.

Sé que parece una tontería, pero si ni siquiera puedo estudiar como el resto de las personas, ¿cómo voy a tener una buena nota media en la universidad que me permita acceder a un máster?, ¿cómo voy a salvar la discriminación laboral si tampoco puedo formarme en condiciones?

Me entristece mucho ver cómo la sociedad actual le da la espalda a mi colectivo, es exagerada la cantidad de desinformación y desconocimiento que hay en torno a la diversidad funcional.

Hace apenas dos semanas que nuestra constitución ha retirado el término ‘disminuido’ de su artículo 49 y hace nada que se aprobó la reforma civil por la que acaba la incapacitación jurídica de las personas con diversidad funcional.

Cambios similares en relación con otro tipo de discriminaciones se produjeron hace años (como el reconocimiento jurídico de las mujeres), ¿cómo es posible que estos avances se estén produciendo ahora en el caso de las personas con diversidad funcional?

¿Qué expectativas de futuro debería tener si se están empezando a reconocer derechos que otros colectivos disfrutan desde hace más de 50 años?

Creo que todas deberíamos hacer un ejercicio de reeducación para deconstruir todos los prejuicios creados en torno a la diversidad funcional, empezando por la idea de que es la persona con diversidad la que tiene un problema, y comenzar a valorar si es el entorno, realmente incapaz de albergar a estas personas, la raíz del problema.

Es la única forma de avanzar y de que se dejen de producir situaciones de discriminación como la nuestra.

 

Por último, enhorabuena por la carrera, te falta poquito, está siendo un camino lleno de obstáculos y de méritos a partes iguales. Gracias por compartir tus experiencias y por tus reivindicaciones en pro de una vida más fácil y sobre todo justa para todos y todas.

Gracias a ti por cederme este espacio y por la visibilidad que le das a las personas sordas. Creo que tu labor es muy importante y te animo a que siga siendo así durante muchos años. Gracias porque me he sentido acompañada y comprendida en tus textos, y estoy segura de que también muchas más personas.

Irene, espero que tus palabras sirvan para seguir concienciando y aportando soluciones, que es lo que necesitamos: SOLUCIONES, accesibilidad plena para dejar de sufrir discriminación en todos los ámbitos, empezando por el de la educación. De corazón deseo que consigas todos tus propósitos, -con este espíritu de luchadora que tienes (a la fuerza), lo conseguirás- y que sirvas de inspiración a tantos estudiantes que viven la misma situación.

Un abrazo y muchísimo ánimo.

Y a ti, que nos lees, ¿qué piensas al respecto? ¡Escribe en comentarios!

 

¡Me entrevistó Marimén Ayuso! Y aún no me lo creo...

¡Hola a todos!

Hoy estoy especialmente contenta porque ha salido mi entrevista y estoy feliz, muy feliz de compartirla con vosotros. Este es el enlace donde podéis verla originalmente:

https://www.marimenayuso.com/blog/entrevista-a-andrea-amouzouvi

De todas maneras, la voy a copiar aquí enterita para tenerla conmigo, así que, ahí va…

Andrea es una chica con hipoacusia bilateral pregona desde los 16 meses y usuaria de audífonos, su tesoro. Cada vez tiene más interés en la cultura de sordos y en la lengua de signos. Defiende que sumar maneras de comunicarse -en cualquier sentido- enriquece, y más cuando hay que luchar y esforzarse el doble para conseguir lo mismo. Tiene un ideal: sordos y oyentes trabajando juntos.

Andrea, ¿cómo se te ocurrió la idea del blog?

La verdad es que la idea de crear un blog no fue mía, sino de unas personas a quienes aprecio mucho. En aquel momento no le di importancia, pero desde entonces estuve cavilando esa idea. Y un día, por fin, me lancé a crear un blog para hablar de mis experiencias como persona sorda. Sentía que tenía mucho que decir y creía que tal vez pudiera servir de algo.

¿El blog está pensado sólo para un público sordo?

No, en realidad está pensado para la sociedad en general, oyentes, sobre todo, ya que explico como me siento o nos podemos sentir las personas sordas en determinadas situaciones. Evidentemente el público sordo puede sentirse identificado, pero la idea es que, mediante la concienciación, se haga más visible esta discapacidad y se comprendan mejor nuestras necesidades.

¿Es un intento de reivindicación?

Totalmente, de normalizar ciertos sentimientos y que otros sordos vean que no están solos, que somos muchos.

Porque somos muchos los que reivindicamos, como podemos o sabemos, la plena inclusión.

 

¿Qué te ha supuesto este blog?

Me ha supuesto abrirme y hablar sobre cosas referentes a la sordera con total libertad, lo cual me ha servido para entender mejor sentimientos y circunstancias, al ponerles palabras, y de paso, intento que la sociedad nos entienda mejor.

En un apartado de tu blog hablas sobre el sordo invisible. ¿Qué es exactamente un sordo invisible?

Para mí, un sordo invisible es aquel que, por el mero hecho de ser sordo pasa desapercibido, es ninguneado incluso, y, en definitiva, no ven que está ahí, que es una persona y que está llena de ilusiones, motivaciones, necesidades. Todo eso, no se ve si no te ven. Y cuando no hablas porque no te enteras, pueden dejar de “verte”, lo que te vuelve “invisible”.

Eres una hipoacúsica, como tú misma te defines. ¿Puedes contarnos las dificultades con las que tienes que luchar día a día?

Desgraciadamente las dificultades que me encuentro en mi día a día tienen que ver con la dependencia de leer los labios, la dependencia de que la gente vocalice y, en mi caso, al hablar muy bien, mi discapacidad pasa completamente desapercibida, lo cual me dificulta llamar la atención por ser sorda.

Soy hipoacúsica, sí, pero es más práctico decir que soy sorda. De hecho, impacta más decir que soy sorda que no hipoacúsica, la gente reacciona más de esta manera.

 

No hablar por teléfono, no seguir bien conversaciones de oyentes donde sea que vaya, no entender megafonías o avisos, la radio, etc. Todo ello a menudo también me distancia de los oyentes, que deben percibir que “paso” o que soy “antipática”. Necesitar ese soporte labial siempre te hace vulnerable, además, y quizá la gente quiere aprovecharse para gastarme “bromitas”. Si supiera comunicarme bien en signos, parte de estos problemas se esfumarían, ya no estaría en medio de los dos mundos.

¿En tu familia hay más hipoacúsicos?

No, que sepamos.

¿Cómo es vuestra comunicación?

Con mi familia la comunicación es mejor o peor, depende del día, por el hecho de que son oyentes. Si es cierto que se esfuerzan en vocalizarme más, pero como ya he dicho, como hablo tan bien, se olvidan y a menudo tengo que recordar que hablen más despacio, más alto, que me repitan…

¿Crees que hay igualdad entre jóvenes sordos y oyentes?

No, para nada. De hecho, creo que los jóvenes sordos y oyentes no tienen mucho contacto entre sí, o no tanto como me gustaría, de hecho, puede ser por eso que cada vez tiendo más a relacionarme con personas sordas. A la gente le cuesta repetir y esforzarse por un tiempo largo, según mi experiencia.

Por eso no hay igualdad, porque la desigualdad no termina de irse, no hay esa bidireccionalidad en la comunicación, indispensable para lograr cualquier cosa, o, al menos, no es duradera y se rompe la igualdad, se crea dependencia.

 

¿Tu círculo de amistades es mayoritariamente sordo?

Actualmente puedo decir que sí, pero es una novedad en mi vida, ya que toda mi infancia y adolescencia ha sido rodeada de oyentes, y, aunque era feliz, me faltaba siempre algo. Ahora con los sordos, me pasa algo parecido, porque no domino demasiado la lengua de signos, pero, en cualquier caso, me siento mucho mejor con ellos.

¿Eres lectora? ¿Qué estas leyendo ahora mismo?

¿Que si soy lectora? ¡Muchísimo! Aparte de que me paso media vida leyendo (subtítulos, labios ¡jaja!, estudios…), acabo de leerme “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole. Un libro que me ha encantado y que tiene un tono sarcástico notable muy divertido, te lo recomiendo. Pero me he leído decenas y decenas. De pequeña, con 8 o 9 años, era capaz de leerme 2 o 3 libros en una tarde, devolverlos a la biblioteca y cogerme un par más. Siempre me ha gustado mucho adentrarme en las letras.

Leer me ha abierto la mente, me ha permitido expresarme como lo hago, pensar como lo hago y cuestionarme todo. Es tan importante, más cuando te falta un sentido…

 

¿Crees que los sordos son poco lectores?

Sí, creo que sí, desgraciadamente, aunque me imagino que hay de todo, como entre los oyentes. Y creo que es porque les cuesta entender, porque no han recibido suficiente apoyo desde la escuela y han terminado por aborrecer la lectura. Una pena muy grande, porque por culpa de eso, muchos no logran una buena comprensión lectora ni expresión escrita, ambos relacionados.

¿Te has planteado dedicarte a la escritura?

Sí, muchas veces, de hecho, tengo un libro medio empezado, ya hace tiempo, pero no encuentro el tiempo para ponerme en serio, aunque es algo que tengo pendiente y que me hace ilusión. Es un verdadero reto acabarlo.

¿Qué proyectos tienes?

En realidad, tengo uno en mente. Como me gusta mucho ayudar y el tema de la sordera va cogiendo fuerza en mi vida, mis proyectos futuros tienen que ver con la integración social y laboral de las personas sordas.

Me gustaría que la calidad laboral de las personas sordas (en las que me incluyo), mejorase notablemente y que sordos y oyentes compartamos espacios laborales en un contexto de plena normalidad y accesibilidad.

 

Y así en general, siempre quiero aprender, porque pienso que siempre hay algo más que aprender y, fijarte metas, da un sentido muy bonito a la vida.

Andrea me mira, se fija en mis labios y yo le signo: muchas gracias por tus palabras.

 

¡Gracias a ti, y a todos por leerme!

Un abrazo…

Entrevista a Marimén Ayuso Autora de "La Palabra en la Mano"

¡Hola a todos!

Hoy, día del libro, tengo una sorpresa para todos vosotros: os presento a la autora del libro «La Palabra en la Mano», Marimén Ayuso, filóloga, escritora y traductora y que, como yo, «no se imagina su vida sin las palabras».

Ella es una CODA. No os quiero adelantar nada más, así que voy a compartir con vosotros la entrevista que le hice. Seguro que os sorprende como a mí y espero que la disfrutéis.

Hola Marimen, en primer lugar, gracias por prestarte a responder mis preguntas para mi blog. ¡Empezamos!

Eres una CODA. Háblanos de ello.

Es un término relativamente nuevo. Son las iniciales de «Children of deaf adults» (hijos de sordos adultos). Soy una CODA y me siento muy feliz de serlo. Creo que solo con ellos –puesto que no tengo hermanos- puedo compartir unos sentimientos y entender que éstos son recíprocos. Ellos pasaron y pasan lo mismo que yo. No somos sordos ni tampoco oyentes del todo. Somos CODA’s.

Supongo que empezaste a signar desde bien pequeña para comunicarte con tus padres. ¿A qué edad? ¿Fue sobre la marcha o ibas a cursos para aprender la lengua de signos?

Nunca empecé en el sentido de buscar un inicio. Mis padres no quisieron enseñarme la lengua de signos, porque temían que, por utilizar las manos, me olvidase de las palabras. Soy hija única y no había más oyentes en casa que pudieran haberles convencido de que eso no era así.

Entonces… ¿cómo ha sido la comunicación con tus padres desde que eras pequeña? Y tu educación, ¿oralista o bilingüe?

Totalmente oralista. Lo que pasa que a mí siempre me ha gustado la lengua de signos y les copiaba cuando hablaban entre sí. Antes, algunos signos eran muy diferentes a los de ahora. A veces cuando hablo con algún sordo me dice que signo “antiguo”, ¡jajajaja!

¿Usaban dispositivos, tus padres, para poder “oírte”?

No, tanto mi padre como mi madre perdieron la audición al completo por culpa de una meningitis cuando eran aún niños. Mi madre solo recuerda, y de forma muy, muy vaga, algún sonido, como por ejemplo el chirrido de un tren.

¿Había mucho silencio en tu casa? ¿Cómo lo llevabas?

No recuerdo esa sensación de silencio, porque la televisión, el tocadiscos o el «radio-casette» siempre funcionaban a todo volumen en mi casa. Tengo que confesarte que de pequeña mi sueño era ser cantante y me pasaba horas cantando en mi habitación. Es más, a veces llamaba a mis padres para que escucharan canciones que acababa de componer. Imagínate qué locura por mi parte. Era pequeña entonces.

Entonces, tus padres, tenían en cuenta, cuando eras pequeña, el volumen de la televisión, quizá el hecho de ponerte música…

Pues la verdad nunca me he parado a pensar sobre ello. Pero si es verdad que, si me iba a dormir, ellos apagaban el sonido de la televisión para que durmiera sin ruidos. En cuanto a la música, en eso si que tenía ventaja sobre mis amigos porque nunca me regañaban si la ponía demasiado fuerte en casa.

Y en reuniones familiares, ¿cómo era la comunicación con el resto de los miembros?

Toda la familia (oyente) vocalizaba o intentaba utilizar las manos cuando hablaban con mis padres. Son situaciones que al final no resultan extrañas sino que forman parte de tu día a día. A diferencia de las casas de mis amigos, eso no ocurría: allí todos se comunicaban sin utilizar las manos.

¿Qué ha supuesto para ti tener padres sordos? ¿Has tenido sentimientos encontrados?

La verdad es que uno crece habituándose a su situación. En mi casa la sordera nunca fue un «hándicap» o un tabú. Para mí era algo inherente a mí, eso no quiere decir que esa realidad no me creara un sentimiento diferencial con respecto a mis amigos, pero nunca me ha causado complicaciones ni perjuicios. Ni en la práctica ni en todo el mapa de mis sentimientos. Mis amigos sabían que en casa se encendía la luz si llamaba alguien a la puerta, que había que vocalizar despacio para que mis padres les entendieran, que había que tocarles sobre el hombro para llamar su atención. Era diferente, claro, pero no por ello amargo. Tuve una infancia muy feliz.

De mayor, ¿has tenido que hacer de intérprete para tus padres, por ejemplo en el médico, reuniones varias…?

La verdad es que sí. Siempre he tenido que acompañarles a esos lugares que mencionas. He sido su voz y sus oídos y lo seguiré siendo. Supongo que, por eso, se me da muy bien la traducción. Soy traductora de varios idiomas.

¿Crees que te ha faltado algo en tu desarrollo por el mero hecho de que tus padres sean sordos?

Lo único que si he echado en falta es llamarles por teléfono como hacían mis amigos. Yo tenía que comunicarme con una vecina para que ella hiciese de intermediaria cuando había algo urgente que decirles o cuando estaba de viaje. Ahora con los «Whatsapp» es mucho más fácil, pero eso antes no existía.

Y luego otra cosa que igual resulta una tontería, pero que a mí me hubiera gustado mucho: poder compartir con ellos algunas canciones o cantar a dúo como hago con mis hijos.

¿Crees que una buena educación en casa depende de tener unos padres sordos o oyentes?

Para nada. Mis padres siempre me ayudaron con los deberes (me dictaban o yo les decía las lecciones). Una buena educación depende de muchos factores, como la inteligencia, la cultura o el respeto, y aquí, oír o no oír, no tiene peso ninguno.

¿Ha supuesto un problema poder disfrutar de actividades de ocio con tus padres?

No, claro que no. Hacíamos lo mismo que todo el mundo: viajar, excursiones, cine, etc.

¿Crees que tu vida habría sido diferente si tus padres no fueran sordos?

Excepto en lo de cantar juntos, no creo que hubiera sido diferente.

Y ahora…, ¿cómo es la relación con tus padres?

Mi padre falleció hace años. Era un hombre muy, muy divertido y nos hacía reír mucho en casa. Hace poco descubrimos que mi padre fue uno de los primeros sordos que publicó una novela corta: «Incomprensión». No lo supimos hasta hace muy poco y fue un hallazgo muy emotivo que me llena de gran honor. Próximamente se le hará un homenaje póstumo.

Mi madre forma parte de mi vida. No la entendería sin ella. Cada día hablamos.

¿Crees que la comunicación entre sordos y oyentes es óptima?

No. Creo que la comunicación entre ambos no suele ser óptima, más bien todo lo contrario. Por eso, siempre abogo en mis presentaciones que hay que tender puentes entre la comunidad sorda y oyente. En los sitios públicos debería de haber intérpretes, para que los sordos no necesitaran de un familiar para acompañarles al banco o al médico.

En mi libro “La Palabra en la Mano” inicio los capítulos con la descripción de como signar una palabra. Muchos oyentes se han sorprendido por ello porque nunca se habían acercado a la lengua de signos. Sé que no es mucho, pero al menos es mi granito de arena para mejorar la comunicación entre ambos.

¿Qué echas de menos en las relaciones entre personas sordas y oyentes que consideres fundamental?

Más empatía y más comprensión cuando a veces al sordo le cuesta entender a un oyente a la primera. Además, muchos oyentes no saben –o al menos no se dan cuenta- que, vocalizando, mirando directamente a la cara o utilizando algunos gestos, la comunicación puede ser más fluida.

La sordera es una discapacidad que no se ve y cuesta mucho esfuerzo concienciar sobre ello.

¿Qué dirías a otras familias que viven una situación semejante a la tuya?

En mis presentaciones por toda España del libro “La Palabra en la Mano” muchas veces algunos sordos me expresan su admiración hacia mi labor para promocionar la lengua de signos y la dedicación por hablar sobre la discapacidad auditiva. Me contaban que algunos hijos se avergonzaban de tener unos padres sordos o que los mandaban callar en lugares públicos. Eso siempre me ha entristecido mucho y me cuesta comprender esta actitud.

Por último, tu novela “La Palabra en la Mano” habla sobre una mujer que pierde la audición. ¿Estás teniendo éxito?

Sí, habla de eso. También sobre el amor y el desamor, de los miedos y de las relaciones. Estoy muy feliz, pero sobre todo agradecida a todos los lectores por la aceptación de la novela. Ya vamos por la segunda edición y probablemente iremos a una tercera. Me han invitado desde muchísimos sitios para presentarla y sólo puedo dar gracias por ello.

¿Sigues escribiendo?

Sí. Ahora se acaba de publicar el tercer libro de la trilogía de «Mejor no te cuento» y también «Lacras» que habla sobre las lacras sociales. También estoy acabando el borrador de mi segunda novela.

 

Que interesantes títulos, Marimén… tengo muchas ganas de leer tus libros y recomendarlos a mis lectores. Te deseo que sigas teniendo éxitos y que escribas con tanta pasión. Muchas gracias por tus respuestas, Marimen, ¡de corazón!

 

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya resultado tan interesante como a mi, conocerla más. Si queréis visitar su web, es www.marimenayuso.com, veréis los libros que ha publicado; sus «posts», como «Yo, CODA»; sus múltiples entrevistas, por ejemplo a personas sordas escritoras y demás; su trayectoria de éxito… No dejéis de leerla, yo lo haré. Necesitamos más mujeres como ella que nos ayuden a visibilizar nuestra causa.

¡Por más mujeres como ella que defienden la igualdad entre sordos y oyentes!

¡Ah! Y si tenéis la suerte de pasear por Barcelona hoy, día de Sant Jordi, podréis conocerla, ya que estará firmando sus libros. Así que… ¡esta va por ti, Marimén!

¡Abrazos a todos!